lunes, 29 de noviembre de 2010

Los jóvenes, población y economía

LOS JÓVENES, POBLACIÓN Y ECONOMÍA
Jesús Castillo More (*)
Según el reloj de la población mundial, cada minuto nacen 264 personas y mueren 107, con lo que el crecimiento natural de la población mundial es de 157 personas por minuto.
China, con 1,347 millones, e India con 1,184, son los dos países más poblados de la tierra y las proyecciones indican que en el año 2025 India, con 1,807.9 millones tendrá mayor población que China, que para ese entonces tendrá 1,424.2 millones. La población mundial pasará en este período, de 6,866.9 a 9,539 millones de habitantes.
La población mundial se envejece y la proporción de jóvenes es cada vez menor debido a la disminución en la tasa de natalidad y al aumento en la esperanza de vida.
En el Perú, los ocho millones y medio de jóvenes son el 30% de la población, y en 2025 aunque en términos absolutos aumentarán a ocho millones novecientos mil, en términos porcentuales caerán a 24%.
Estas tendencias afectan directamente a los jóvenes, que tradicionalmente han cargado con la deuda externa contraída para que sea pagada por las futuras generaciones y con los sistemas de seguridad social desfinanciados. Esto explica las modificaciones legales para aumentar la edad de jubilación en los países europeos, la eliminación de la cédula viva en el Perú, el diseño de nuevos sistemas privados, pues el sistema estatal se hace cada vez más insostenible.
Por su propia naturaleza, los jóvenes son fervientes partidarios de la justicia social y desean soluciones rápidas a los problemas de pobreza, desigualdad y desempleo. Sin embargo, este noble propósito muchas veces es fuente de aprovechamiento para que esta efervescencia juvenil sea desviada hacia fines de política partidaria que se concentran en influir exclusivamente en la formación ideológica de los jóvenes, sin darles la oportunidad de adoptar decisiones propias, responsables, fruto de su análisis razonado de la solución más eficaz para los problemas sociales, dada la lógica del funcionamiento de los sistemas económicos y sus implicancias políticas sobre la democracia y libertad.
Es necesario entonces que los jóvenes estén adecuadamente preparados para adoptar decisiones responsables en la elección de las autoridades locales, regionales y nacionales; formación personal para que, ampliando su horizonte de decisiones, sepan elegir su futuro empleo y profesión con madurez y participar activamente en los programas que requieren su valioso apoyo en los programas sociales.
Los nuevos desafíos que enfrentan los jóvenes: avance tecnológico, y las tecnologías de la información y la comunicación, el crecimiento económico y la globalización, que son fenómenos contemporáneos que afectan sustancialmente la productividad del trabajo, al empleo y las remuneraciones a nivel interno y externo; la carga cada vez más pesada de los programas sociales; falta de oportunidades, las madres soleteras; enfermedades infecciosas como el sida, desempleo, drogadicción y violencia juvenil, hacen indispensable que las familias, la escuela, la universidad, los gobiernos locales, regionales y nacional, los candidatos a gobernantes, incluyan obligatoriamente programas que ayuden a los jóvenes a enfrentarlos: eliminación de la desnutrición infantil, mayores oportunidades de educación de calidad y empleo, actividades deportivas, programas sociales con participación juvenil, organizaciones de apoyo a la solución de los problemas de los jóvenes, donde ellos participen como directamente interesados.
(*) Profesor de la Universidad de Lambayeque

lunes, 8 de noviembre de 2010

Economía Positiva y Normativa

ECONOMÍA POSITIVA Y NORMATIVA
Jesús Castillo More
La escasez de bienes y servicios y el bienestar social tienen aspectos positivos y normativos al momento de abordar el tema de distribución, mejorar el bienestar y solucionar los problemas sociales.
La Economía se ocupa tanto de los aspectos positivos, a través del análisis económico, como de los aspectos normativos de la escasez y del bienestar social, a través de la política económica.
Los aspectos positivos se refieren a lo que es o será, a la explicación y predicción en base a datos, información y evidencia empírica, para proponer una relación de causa y efecto, es decir una teoría, estableciendo el por qué de las cosas observadas, en base a un razonamiento lógico a partir de ciertas premisas o axiomas, con el cual se puede predecir el resultado esperado de un cambio en la variable independiente sobre la variable dependiente o variable problema. La teoría puede ser así desmentida si al contrastarla con la realidad, los hechos observados no cuadran con las predicciones de la teoría; mientras que los aspectos normativos se refieren a lo que debería ser según las concepciones ideológicas, religiosas, morales, éticas y juicios de valor de cada persona. Así, una discusión entre dos personas sobre un aspecto positivo puede terminar en acuerdo, a la luz del veredicto de los hechos observados, mientras que una discusión sobre un aspecto normativo puede durar indefinidamente. Sin embargo, la economía puede ayudar a aclarar las disyuntivas, esclarecer el problema y encontrar consensos.
El premio Nobel en medicina, ha sido otorgado este año al fisiólogo Robert Edwards, por desarrollar la técnica de fecundación in vitro, que permitió que cinco millones de parejas no fértiles hayan logrado tener un hijo. Louise Brown, nacida con fecundación in vitro, ha dado a luz dos gemelos con parto natural. Esto es evidencia de un éxito científico, pero también es evidencia el número de embriones sacrificados por cada nacimiento: para obtener un niño, es necesario en el mejor de los casos, haber empleado un promedio de 24 embriones. Surge aquí un asunto normativo, que hace que la sociedad en conjunto no encuentre consenso debido a la presencia de juicios de valor, y la economía, como ciencia, no puede decir cuál es la mejor política.
En un reciente artículo titulado “Avatares de la marihuana”, Mario Vargas Llosa sostiene que el Estado debería tratar las drogas igual que el alcohol y el tabaco, dando libertad al individuo y sancionando el daño a terceros. Lo que se busca, es una solución eficaz al problema de la delincuencia vinculada al narcotráfico, que ha causado en lo que va del año solo en México la suma de 10,035 muertos. “Esta solución, pasa por la descriminalización de las drogas, idea que hasta hace relativamente poco tiempo era inaceptable para el grueso de una opinión pública convencida de que la represión policial de productores, vendedores y usuarios de estupefacientes era el único método legítimo para acabar con semejante plaga. La realidad ha ido revelando lo ilusorio de esta idea, a medida que todos los estudios señalaban que, pese a las astronómicas sumas invertidas y la gigantesca movilización de efectivos para combatirla, el mercado de la droga ha seguido creciendo, extendiéndose por el mundo y creando unos carteles mafiosos de inmenso poder económico y militar que, como se está viendo en México, desde que el presidente Calderón decidió enfrentarse, con el ejército como punta de lanza, a los jefes narcos y sus pandillas de mercenarios, pueden combatir de igual a igual, gracias a su poderío, con los estados a los que tienen infiltrados mediante la corrupción y el terror”……”Este es un camino que conduce, tarde o temprano, al suicidio de la democracia”. “Como ocurrió con las pandillas de gánsteres que se volvieron todopoderosas y llenaron de sangre y muertos a Chicago, Nueva York y otras ciudades norteamericanas en los años de la prohibición del alcohol, un mercado legal acabará con los grandes carteles, privándolos de su cuantioso negocio y arruinándolos. Como el problema de la droga es fundamentalmente económico, económica tiene también que ser su solución”.
La prohibición de las drogas genera carteles ilegales que elevan el precio e incentivan el cultivo de coca. Este es un asunto verificado por la economía positiva. Falta evaluar bien si la legalización hará reducir o aumentar el área de cultivo en países como el nuestro, que cuentan con las condiciones climáticas para su cultivo. Nuevamente, éste es un asunto de economía positiva, que una vez determinado, deberá enfrentar consideraciones de carácter normativo.

domingo, 10 de octubre de 2010

Catorce minutos de reflexión, Vargas Llosa

TRIBUNA: MARIO VARGAS LLOSA
Catorce minutos de reflexión
El Nobel de Literatura relata cómo tras recibir la llamada de la Academia Sueca dudó, y mientras esperaba la confirmación desfilaron los recuerdos de una vida dedicada a las letras
MARIO VARGAS LLOSA 10/10/2010
Ese día, como todos los días desde que, hace tres semanas, llegamos a Nueva York, me levanté a las cinco de la mañana y, procurando no despertar a Patricia, me fui a la salita a leer. Era noche cerrada todavía y las luces de los rascacielos del contorno tenían la apariencia inquietante de una gigantesca bandada de cocuyos invadiendo la ciudad. Dentro de una hora más o menos comenzaría a amanecer y, si estaba despejado el cielo, las primeras luces irían iluminando el río Hudson y la esquina de Central Park con sus árboles que el otoño comienza a dorar, un lindo espectáculo que me regalan cada mañana las ventanas del departamento (vivimos en el piso cuarenta y seis).
Tenía el día planificado con toda precisión. Trabajaría un par de horas preparando la clase del próximo lunes en Princeton, en la que ilustraría el tema del punto de vista con ejemplos tomados de El reino de este mundo de Alejo Carpentier, media hora de ejercicios para la espalda, una hora de caminata en Central Park, periódicos, desayuno, ducha, y a la Public Library de New York, donde escribiría mi Piedra de Toque para EL PAÍS sobre el suicidio, tirándose del puente George Washington, en la Universidad de Rutgers, de Tylor Clementi, violinista y joven estudiante al que dos compañeros homófobos habían denunciado como gay, difundiendo en la Red un vídeo en el que aparecía besándose con un hombre.
Inmediatamente fui absorbido por la magia de El reino de este mundo y la transfiguración mítica que la prosa de Carpentier hace de los primeros intentos independentistas en Haití. El narrador omnisciente de la historia es una astuta ausencia erudita, libresca, barroca y rebuscada que narra desde muy cerca de la sensibilidad del esclavo Ti Noel, quien cree en los Grandes Loas del vodú y que los hechiceros del culto, como Mackandal, gozan del don de la licantropía, es decir, pueden transformarse en animales a voluntad. Hacía por lo menos veinte años que no la releía y su poder de persuasión seguía siendo irresistible.
De pronto advertí la presencia de Patricia en la salita. Se acercaba con el teléfono en la mano y una cara que me asustó. "Una tragedia en la familia", pensé. Cogí el aparato y escuché, entre silbidos, ecos y eructos eléctricos, una voz que hablaba en inglés. En el instante en que alcancé a distinguir las palabras Swedish Academy la comunicación se cortó. Estuvimos callados, mirándonos sin decir nada, hasta que el teléfono repicó otra vez. Ahora sí se oía bien. El caballero me dijo que era el secretario de la Academia Sueca, que me habían concedido el Premio Nobel de Literatura y que la noticia se haría pública dentro de catorce minutos. Que podía escucharla en la televisión, la radio y el Internet.
-Hay que avisar a Álvaro, Gonzalo y Morgana -dijo Patricia.
-Mejor esperemos que sea oficial -le contesté.
Y le recordé que, hacía muchos años, en Roma, nos habían contado la broma pesada que le jugaron unos amigos (o más bien enemigos) a Alberto Moravia, haciéndose pasar por funcionarios de la Academia Sueca y felicitándolo por el galardón. Él alertó a la prensa y la noticia resultó un embrollo de mal gusto.
-Si es cierto, esta casa se va a volver un loquerío -dijo Patricia-. Mejor dúchate de una vez.
Pero, en vez de hacerlo, me quedé en la salita, viendo asomar entre los rascacielos las primeras luces de la mañana neoyorquina. Pensé en la casa de la calle Ladislao Cabrera, en Cochabamba, donde pasé mi infancia, y en el libro de Neruda Veinte poemas de amor y una canción desesperada, que mi madre me había prohibido leer y que tenía escondido en su velador (el primer libro prohibido que leí). Pensé en lo mucho que le hubiera alegrado la noticia, si era cierta. Pensé en la gran nariz y la calva reluciente del abuelo Pedro, que escribía versos festivos y explicaba a la familia, cuando yo me negaba a comer: "Para el poeta la comida es prosa". Pensé en el tío Lucho, que, en ese año feliz que pasé en su casa de Piura, el último del colegio, escribiendo artículos, cuentecitos y poemas que publicaba a veces en La Industria, me animaba incansablemente a perseverar y ser un escritor, porque, acaso hablando de sí mismo, me aseguraba que no seguir la propia vocación es traicionarse y condenarse a la infelicidad. Pensé en el estreno, ese mismo año, en el Teatro Variedades de Piura, de mi obrita La huida del Inca, que mi amigo Javier Silva publicitaba a voz en cuello por las calles con una gran bocina, desde el techo de un camión, y en la bella Ruth Rojas, la Vestal de la obra, de la que yo estaba enamorado en secreto.
-Es una tontería pensar que esto puede ser una broma -dijo Patricia-. Llamemos a Álvaro, Gonzalo y Morgana de una vez.
Llamamos a Álvaro a Washington, a Gonzalo a Santo Domingo y a Morgana a Lima, y todavía faltaban siete u ocho minutos para la hora señalada. Yo pensé en Lucho Loayza y Abelardo Oquendo, los amigos de adolescencia y en la revista Literatura, de la que sacamos apenas tres números, de nuestro manifiesto contra la pena de muerte, del homenaje a César Moro, y de las feroces discusiones que a veces teníamos sobre si Borges era más importante que Sartre o éste que aquél. Yo sostenía lo último y ellos lo primero y eran ellos, por supuesto, quienes llevaban la razón. Fue entonces cuando me pusieron el apodo (que a mí me encantaba): "El sartrecillo valiente".
Pensé en el concurso de La Revue Francaise que gané el año 1957, con mi cuento El desafío, que me deparó un viaje a París, donde pasé un mes de total felicidad, viviendo en el Hotel Napoleón, en las cuatro palabras que cambié con Albert Camus y María Casares en las puertas de un teatro de los Grandes Bulevares, y mis desesperados y estériles esfuerzos para ser recibido por Sartre aunque fuera sólo un minuto para verle la cara y estrecharle la mano. Recordé mi primer año en Madrid y las dudas que tuve antes de decidirme a enviar los cuentos de Los jefes al Premio Leopoldo Alas, creado por un grupo de médicos de Barcelona, encabezado por el doctor Rocas y asesorado por el poeta Enrique Badosa, gracias a los cuales tuve la enorme alegría de ver mi primer libro impreso.
Pensé que, si la noticia era cierta, tenía que agradecer públicamente a España lo mucho que le debía, pues, sin el extraordinario apoyo de personas como Carlos Barral, Carmen Balcells y tantas otras, editores, críticos, lectores, jamás hubieran alcanzado mis libros la difusión que han tenido.
Y pensé lo increíblemente afortunado que yo he sido en la vida por seguir el consejo del tío Lucho y haber decidido, a mis veintidós años, en aquella pensión madrileña de la calle del Doctor Castelo, en algún momento de agosto de 1958, que no sería abogado sino escritor, y que, desde entonces, aunque tuviera que vivir a tres dobles y un repique, organizaría mi vida de tal manera que la mayor parte de mi tiempo y energía se volcaran en la literatura, y que sólo buscaría trabajos que me dejaran tiempo libre para escribir. Fue una decisión algo quimérica, pero me ayudó mucho, por lo menos psicológicamente, y creo que, en sus grandes rasgos, la cumplí en mis años de París, pues los trabajos en la Escuela Berlitz, la Agence France Presse y la Radio Televisión Francesa, me dejaron siempre algunas horitas del día para leer y escribir.
Y pensé en la extraña paradoja de haber recibido tantos reconocimientos, como éste (si la noticia no era una broma de mal gusto), por dedicar mi vida a un quehacer que me ha hecho gozar infinitamente, en la que cada libro ha sido una aventura llena de sorpresas, de descubrimientos, de ilusiones y de exaltación, que compensaban siempre con creces las dificultades, dolores de cabeza, depresiones y estreñimientos. Y pensé en lo maravillosa que es la vida que los hombres y las mujeres inventamos, cuando todavía andábamos en taparrabos y comiéndonos los unos a los otros, para romper las fronteras tan estrechas de la vida verdadera, y trasladarnos a otra, más rica, más intensa, más libre, a través de la ficción.
A las seis en punto de la mañana las radios, la televisión y el Internet confirmaron que la noticia era cierta. Como predijo Patricia, la casa se volvió un loquerío y desde entonces yo dejé de pensar y, casi casi, hasta de respirar.
New York, octubre de 2010

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jueves, 7 de octubre de 2010

El sueño del Celta, Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa
El sueño del celta
ALFAGUARA HISPANICA
Para Álvaro, Gonzalo y Morgana.
Y para Josefina, Leandro,
Ariadna, Aitana, Isabella y Anaís.
Cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno,
sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que
emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí
los más raros y asombrosos contrastes.
josé enrique rodó
Motivos de Proteo
El Congo
I
Cuando abrieron la puerta de la celda, con el chorro
de luz y un golpe de viento entró también el ruido de
la calle que los muros de piedra apagaban y Roger se despertó,
asustado. Pestañeando, confuso todavía, luchando
por serenarse, divisó, recostada en el vano de la puerta, la
silueta del sheriff. Su cara flácida, de rubios bigotes y ojillos
maledicentes, lo contemplaba con la antipatía que nunca
había tratado de disimular. He aquí alguien que sufriría si
el Gobierno inglés le concedía el pedido de clemencia.
—Visita —murmuró el sheriff, sin quitarle los ojos
de encima.
Se puso de pie, frotándose los brazos. ¿Cuánto había
dormido? Uno de los suplicios de Pentonville Prison era no
saber la hora. En la cárcel de Brixton y en la Torre de Londres
escuchaba las campanadas que marcaban las medias
horas y las horas; aquí, las espesas paredes no dejaban llegar
al interior de la prisión el revuelo de las campanas de las
iglesias de Caledonian Road ni el bullicio del mercado de
Islington y los guardias apostados en la puerta cumplían
estrictamente la orden de no dirigirle la palabra. El sheriff
le puso las esposas y le indicó que saliera delante de él. ¿Le
traería su abogado alguna buena noticia? ¿Se habría reunido
el gabinete y tomado una decisión? Acaso la mirada del
sheriff, más cargada que nunca del disgusto que le inspiraba,
se debía a que le habían conmutado la pena. Iba caminando
por el largo pasillo de ladrillos rojos ennegrecidos por la
suciedad, entre las puertas metálicas de las celdas y unos
muros descoloridos en los que cada veinte o veinticinco
pasos había una alta ventana enrejada por la que alcanzaba
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a divisar un pedacito de cielo grisáceo. ¿Por qué tenía tanto
frío? Era julio, el corazón del verano, no había razón para
ese hielo que le erizaba la piel.
Al entrar al estrecho locutorio de las visitas, se afligió.
Quien lo esperaba allí no era su abogado, maître George
Gavan Duffy, sino uno de sus ayudantes, un joven rubio
y desencajado, de pómulos salientes, vestido como un petimetre,
a quien había visto durante los cuatro días del
juicio llevando y trayendo papeles a los abogados de la
defensa. ¿Por qué maître Gavan Duffy, en vez de venir en
persona, mandaba a uno de sus pasantes?
El joven le echó una mirada fría. En sus pupilas
había enojo y asco. ¿Qué le ocurría a este imbécil? «Me
mira como si yo fuera una alimaña», pensó Roger.
—¿Alguna novedad?
El joven negó con la cabeza. Tomó aire antes de
hablar:
—Sobre el pedido de indulto, todavía —murmuró,
con sequedad, haciendo una mueca que lo desencajaba
aún más—. Hay que esperar que se reúna el Consejo de
Ministros.
A Roger le molestaba la presencia del sheriff y del
otro guardia en el pequeño locutorio. Aunque permanecían
silenciosos e inmóviles, sabía que estaban pendientes
de todo lo que decían. Esa idea le oprimía el pecho y dificultaba
su respiración.
—Pero, teniendo en cuenta los últimos acontecimientos
—añadió el joven rubio, pestañeando por primera
vez y abriendo y cerrando la boca con exageración—,
todo se ha vuelto ahora más difícil.
—A Pentonville Prison no llegan las noticias de
afuera. ¿Qué ha ocurrido?
¿Y si el Almirantazgo alemán se había decidido por
fin a atacar a Gran Bretaña desde las costas de Irlanda?
¿Y si la soñada invasión tenía lugar y los cañones del Káiser
vengaban en estos mismos momentos a los patriotas
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irlandeses fusilados por los ingleses en el Alzamiento de
Semana Santa? Si la guerra había tomado ese rumbo, sus
planes se realizaban, pese a todo.
—Ahora se ha vuelto difícil, acaso imposible, tener
éxito —repitió el pasante. Estaba pálido, contenía su indignación
y Roger adivinaba bajo la piel blancuzca de su tez su
calavera. Presintió que, a sus espaldas, el sheriff sonreía.
—¿De qué habla usted? El señor Gavan Duffy estaba
optimista respecto a la petición. ¿Qué ha sucedido
para que cambiara de opinión?
—Sus diarios —silabeó el joven, con otra mueca
de disgusto. Había bajado la voz y a Roger le costaba trabajo
escucharlo—. Los descubrió Scotland Yard, en su
casa de Ebury Street.
Hizo una larga pausa, esperando que Roger dijera
algo. Pero como éste había enmudecido, dio rienda suelta
a su indignación y torció la boca:
—Cómo pudo ser tan insensato, hombre de Dios
—hablaba con una lentitud que hacía más patente su rabia—.
Cómo pudo usted poner en tinta y papel semejantes
cosas, hombre de Dios. Y, si lo hizo, cómo no tomó la
precaución elemental de destruir esos diarios antes de ponerse
a conspirar contra el Imperio británico.
«Es un insulto que este imberbe me llame “hombre
de Dios”», pensó Roger. Era un maleducado, porque a
este mozalbete amanerado él, cuando menos, le doblaba
la edad.
—Fragmentos de esos diarios circulan ahora por
todas partes —añadió el pasante, más sereno, aunque siempre
disgustado, ahora sin mirarlo—. En el Almirantazgo,
el vocero del ministro, el capitán de navío Reginald Hall
en persona, ha entregado copias a decenas de periodistas.
Están por todo Londres. En el Parlamento, en la Cámara
de los Lores, en los clubes liberales y conservadores, en las
redacciones, en las iglesias. No se habla de otra cosa en la
ciudad.
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Roger no decía nada. No se movía. Tenía, otra vez,
esa extraña sensación que se había apoderado de él muchas
veces en los últimos meses, desde aquella mañana gris y
lluviosa de abril de 1916 en que, aterido de frío, fue arrestado
entre las ruinas de McKenna’s Fort, en el sur de Irlanda:
no se trataba de él, era otro de quien hablaban, otro
a quien le ocurrían estas cosas.
—Ya sé que su vida privada no es asunto mío, ni del
señor Gavan Duffy ni de nadie —añadió el joven pasante,
esforzándose por rebajar la cólera que impregnaba su voz—.
Se trata de un asunto estrictamente profesional. El señor
Gavan Duffy ha querido ponerlo al corriente de la situación.
Y prevenirlo. La petición de clemencia puede verse comprometida.
Esta mañana, en algunos periódicos ya hay protestas,
infidencias, rumores sobre el contenido de sus diarios. La
opinión pública favorable a la petición podría verse afectada.
Una mera suposición, desde luego. El señor Gavan Duffy lo
tendrá informado. ¿Desea que le transmita algún mensaje?
El prisionero negó, con un movimiento casi imperceptible
de la cabeza. En el acto, giró sobre sí mismo, encarando
la puerta del locutorio. El sheriff hizo una indicación
con su cara mofletuda al guardia. Éste corrió el pesado
cerrojo y la puerta se abrió. El regreso a la celda le resultó
interminable. Durante el recorrido por el largo pasillo de
pétreas paredes de ladrillos rojinegros tuvo la sensación
de que en cualquier momento tropezaría y caería de bruces
sobre esas piedras húmedas y no volvería a levantarse.
Al llegar a la puerta metálica de la celda, recordó: el día
que lo trajeron a Pentonville Prison el sheriff le dijo que
todos los reos que ocuparon esta celda, sin una excepción,
habían terminado en el patíbulo.
—¿Podré tomar un baño, hoy? —preguntó, antes
de entrar.
El obeso carcelero negó con la cabeza, mirándolo
a los ojos con la misma repugnancia que Roger había advertido
en la mirada del pasante.
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—No podrá bañarse hasta el día de la ejecución
—dijo el sheriff, saboreando cada palabra—. Y, ese día,
sólo si es su última voluntad. Otros, en vez del baño, prefieren
una buena comida. Mal negocio para Mr. Ellis,
porque entonces, cuando sienten la soga, se cagan. Y dejan
el lugar hecho una mugre. Mr. Ellis es el verdugo, por si
no lo sabe.
Cuando sintió cerrarse la puerta a sus espaldas, fue
a tumbarse boca arriba en el pequeño camastro. Cerró los
ojos. Hubiera sido bueno sentir el agua fría de ese caño
enervándole la piel y azulándola de frío. En Pentonville
Prison, los reos, con excepción de los condenados a muerte,
podían bañarse con jabón una vez por semana en ese
chorro de agua fría. Y las condiciones de las celdas eran
pasables. En cambio, recordó con un escalofrío la suciedad
de la cárcel de Brixton, donde se había llenado de piojos
y pulgas que pululaban en el colchón de su camastro y le
habían cubierto de picaduras la espalda, las piernas y los
brazos. Procuraba pensar en eso, pero una y otra vez volvían
a su memoria la cara disgustada y la voz odiosa del
rubio pasante ataviado como un figurín que le había enviado
maître Gavan Duffy en vez de venir él en persona
a darle las malas noticias.

Un Peruano Universal, The Economist

A universal Peruvian
Oct 7th 2010, 17:02 by M.R. | LONDON
IT HAD seemed inevitable that Mario Vargas Llosa was condemned to join the list of great writers never to receive the Nobel prize, while many of lesser talent but more fashionable views were honoured. So this year’s award is welcome, if overdue, recognition for the most accomplished living Latin American novelist and writer.
In its citation, the committee commends Mr Vargas Llosa for “his cartography of structures of power and his trenchant images of the individual’s resistance, revolt, and defeat.” These themes are treated most powerfully in what are perhaps his two finest novels, written more than three decades apart. “Conversation in the Cathedral”, an early work of astonishing maturity, is set in Peru in the 1950s during a military dictatorship. “The Feast of the Goat”, published in 2000 (and reviewed by The Economist), explores the cruel regime of General Trujillo in the Dominican Republic. While novels about dictators are a staple of Latin American literature, Mr Vargas Llosa took the genre beyond political denunciation, crafting subtle studies of the psychology of absolute power and its corruption of human integrity. These are themes he returns to in his latest book, "El Sueño del Celta" (“The Dream of the Celt”), a novel about Roger Casement, an Anglo-Irish diplomat and early crusader for human rights, which is published in Spanish this month.
Born in Arequipa in southern Peru in 1936, Mr Vargas Llosa’s early works are rich with the flavours and injustices of his native country. “La Ciudad y los Perros”, whose poorly chosen title in English is “The Time of the Hero”, is a clammily claustrophobic fictional account of the author’s unhappy experience as a teenager in Lima’s Military College. His complex and contradictory feelings about Peru are a constant strand in his work, but his themes and increasingly his subjects are universal. Another recurring theme is the search for utopia, and its often tragic consequnces, political or personal, which he explores in different ways in “The War of the End of the World”, “The Real Life of Alejandro Mayta” and “The Way to Paradise”, a study in counterpoint of the lives of Paul Gauguin, a painter, and his Franco-Peruvian grandmother, Flora Tristán, an early feminist (reviewed by The Economist).
Mr Vargas Llosa’s prose lacks the poetic intensity of Gabriel Garcia Marquez, his Colombian near-contemporary (and the last South American* writer to win the Nobel, in 1982). But he more than makes up for this with his greater intellectual depth, subtlety and authorial rigour. His books are meticulously researched and carefully crafted. He writes every morning, and corrects his manuscripts three times, using different coloured ink. His style shows the influence of Flaubert and Sartre, but also the Spanish picaresque tradition. He is extraordinarily versatile and prolific. His novels include lighter, comic works, such as the autobiographical “Aunt Julia and the Scriptwriter” and the recent “The Bad Girl”. But he has also written plays, works of literary criticism and political essays, as well as a longstanding fortnightly column in Spain’s El País newspaper.
A youthful enthusiasm for the Cuban revolution quickly gave way in Mr Vargas Llosa to a trenchant liberalism. This often made him unpopular in Latin America. He was equally critical of Fidel Castro and of Peru’s conservative strongman, Alberto Fujimori. He abhors the nationalism that is the default tool of so many Latin American politicians, and espouses a universal humanism. His passionate belief in the cause of liberty led him into active politics. In 1990 he ran for president of Peru. Fortunately for the cause of literature, he lost. Once a polarising national figure, he is now universally respected as the country’s moral conscience. As well as a great novelist, Mr Vargas Llosa has become Latin America’s most influential liberal thinker. Now 74, he shows no sign of slowing down.

sábado, 25 de septiembre de 2010

David Fischman en Chiclayo

DAVID FISCHMAN EN CHICLAYO
Por: Jesús Castillo More
Profesor de la Universidad de Lambayeque.
“El verdadero líder es aquél que tiene un poder interno generado por su propio desarrollo emocional y espiritual. No busca liderar para obtener el poder; por el contrario, usa su propio poder interno para liderar con sabiduría y servir a los demás.”
Esta es la carta de presentación de David Fischman, autor de los libros El Camino del Líder, El Espejo del Líder, El Secreto de las Siete Semillas, El Líder Transformador y El Líder Interior; que invitado por la Universidad de Lambayeque, estará en Chiclayo el viernes 22 de Octubre próximo, para ofrecernos la Conferencia Taller “La Alta Rentabilidad de la Felicidad”.
En El Camino del Líder, publicado hace una década, Fischman ya nos enseñaba que el líder debe hacer explícito lo que es importante para él; debe manifestar cuáles son sus valores y actuar basado en ellos. Los valores son absolutos y relativos. Los primeros son inherentes al ser humano: no cambian y son los principios universales. Rigen la interrelación de las personas: Honestidad, Respeto, Justicia y Amor. Los valores relativos varían de persona a persona. Cambian en el tiempo según la situación: Eficiencia, Ahorro, Orden. En un territorio cambiante, los mapas devienen obsoletos. En cambio, una brújula, nos da la dirección correcta para cada decisión. Los valores relativos son como el mapa; los valores absolutos o principios, son como la brújula. Son los principios los que señalan siempre el verdadero norte, para evitar disonancias entre lo que se dice y lo que se hace. Para formar personas, obviamente hay que actuar como personas!
En el epílogo de El Camino del Líder, Fischman concluye que servir a los demás es un camino para encontrar a Dios. “Cuando servimos, nos llenamos de alegría. Cuando servimos, estamos actuando como si no hubiera separación entre nosotros. Servir nos conecta con Dios, nos da felicidad y salud”
En El Líder Transformador, Fischman sostiene que éste orienta sus esfuerzos precisamente hacia causas trascendentales: el desarrollo de las personas y de su entorno. “Lo notable del liderazgo transformador consiste en movilizar a las personas hacia causas que tienen un significado mayor que uno mismo, hacia principios que mejoren el mundo”. En “El Líder Interior”, Fischman aborda el liderazgo personal; pues “No podemos ser verdaderos líderes transformadores si, primero, nosotros mismos no evolucionamos como personas”. “En mis anteriores escritos, he comentado sobre la importancia del liderazgo personal, enfatizando en temas como la autoestima, la creatividad, la ética, entre otros. En El Líder Interior profundizo, además, en los temas del conocimiento de uno mismo, del poder de la actitud en la vida, de la inteligencia espiritual y de la comunicación.”
Esperemos que reflexiones nos trae el experto en liderazgo David Fischman, en su Conferencia Taller “La Alta Rentabilidad de la Felicidad”, que tendrá lugar, previa inscripción, en la explanada de la Universidad de Lambayeque, el viernes 22 de Octubre a las 7pm.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Los doce pilares de la competitividad I

LOS DOCE PILARES DE LA COMPETITIVIDAD (I)

Por: Jesús Castillo More
Profesor de la Universidad de Lambayeque (UDL)

Bajo la conducción del renombrado economista Español Xavier Sala-i-Martin, de la Universidad de Columbia, The World Economic Forum acaba de publicar el Informe de Competitividad Global 2010-2011, donde tras el análisis de 100 indicadores para 139 países, se ofrece información detallada del potencial productivo de las naciones y se establece un ranking mundial de competitividad encabezado por Suiza y Suecia.
El informe, contribuye al entendimiento de los factores clave que determinan el crecimiento económico, ayuda a explicar por qué algunos países son más exitosos que otros en elevar los niveles de ingreso y oportunidades para sus respectivas poblaciones, y ofrece a los que toman decisiones políticas y líderes empresariales, una importante herramienta en la formulación de mejores políticas económicas y reformas institucionales.
Por más de 30 años, el Foro Económico Mundial ha brindado esta información, y desde el año 2005, ha basado su análisis en el Índice Global de Competitividad (GCI), que es un índice altamente exhaustivo para medir la competitividad nacional, que captura los fundamentos micro y macroeconómicos de la competitividad nacional.
El Foro, define competitividad como el conjunto de instituciones políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país.
El nivel de productividad, a su vez, establece el nivel sustentable de prosperidad que puede ser ganada por la economía de un país. En otras palabras, economías más competitivas, tienden a ser capaces de generar niveles de ingreso más altos para sus habitantes.
El nivel de productividad también determina las tasas de retorno obtenidas por inversiones (física, humana y tecnológica) en un país. Debido a que estas tasas de retorno son las determinantes fundamentales de la tasa de crecimiento de la economía, una economía más competitiva es aquella que crece más rápido en el mediano y largo plazo.
El concepto de competitividad involucra así componentes estáticos y dinámicos: aunque la productividad de un país, claramente determina su capacidad para sostener un alto nivel de ingreso, es también una de las determinantes centrales de los retornos de la inversión, que es uno de los factores clave que explican un crecimiento potencial de la economía.
La economía peruana creció en promedio 6.7% entre los años 2002 y 2009 y se espera crezca 6,3% el presente año. El Foro, considera que este buen resultado es consecuencia de una acertada política macroeconómica seguida en la última década, liberalización de sus mercados de bienes y servicios, esfuerzos por alentar el comercio interno y externo, lo que le ha permitido escalar en el ranking desde el puesto 78 del año pasado al 73 ahora. Sin embargo, señala el Foro, el Perú enfrenta desafíos a la competitividad que deben ser enfrentados mediante mejoras en el pobre ambiente institucional, mejorando la calidad y acceso al sistema educativo en todos los niveles, reformar la capacidad para absorber tecnología y generar innovación.
El Foro, clasifica los países en tres etapas del desarrollo. En la primera están países como Etiopía, Bangladesh, Ghana, Nigeria, Uganda, India, Pakistán, Bolivia y Nicaragua. En la segunda etapa está Perú junto con Argentina, Brasil, China, Colombia, Ecuador, México, Sudáfrica y Panamá. Chile, que se mantiene en el puesto 30 del ranking, está en transición de la etapa 2 a la 3 junto con Uruguay y Portugal.
En la etapa 3 están posesionados Suiza, Suecia, Canadá, Francia, Alemania, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Estados Unidos, que con la reciente crisis mundial sufrió un bajón en su ubicación al pasar del puesto 2 al 4. España pasó del puesto 33 al 42. Entre los países menos competitivos, Venezuela ha pasado del puesto 113 al 122, Ecuador está en el 105, Bolivia 108 y Nicaragua en el 112.
Hay muchos determinantes de la productividad y competitividad de un país que son capturados por el GCI y agrupados en doce pilares básicos. En el próximo artículo abordaré cada uno de éstos, que precisamente serán discutidos ampliamente bajo el título “Economía Mundial, Integración Subregional y Competitividad Nacional” en el XIX Congreso Nacional de Economistas del Perú, que organizado por el Colegio de Economistas de Piura y Tumbes, tendrá lugar del jueves 14 al sábado 16 de Octubre en el Club Grau de Piura.