domingo, 15 de agosto de 2010

RENTABILIDAD EN SOLES, DÓLARES, O EUROS
Jesús Castillo More (*)
El tipo de cambio es el precio en moneda nacional de una moneda extranjera. Este precio se establece por fuerzas de demanda y oferta de moneda extranjera, que están determinadas a su vez por la cuenta corriente (Balanza Comercial: exportaciones menos importaciones), y la cuenta de capital o financiera de la Balanza de Pagos (entrada o salida de activos financieros y dinero extranjero).
Bajo un sistema de tipo de cambio fijo, el Banco Central está dispuesto a comprar o vender la moneda extranjera que sea necesaria para mantener el precio establecido, a costa de aumento o pérdida de sus reservas internacionales. Si éstas se le agotan, el Banco Central decreta un tipo de cambio más alto, con lo que la moneda nacional se devalúa. En el caso contrario, se puede decretar una revaluación de la moneda nacional.
Con tipo de cambio flexible, el mercado de divisas es libre, con lo que la moneda nacional se puede apreciar o depreciar según lo que suceda con el tipo de cambio. Un alza en el tipo de cambio, es decir en el precio de la moneda extranjera, es una depreciación de la moneda nacional. Lo que está pasando ahora en el Perú es lo contrario: el sol se está apreciando respecto al dólar y al euro, como consecuencia de una mayor oferta de moneda extranjera.
El Banco Central de Reserva del Perú (BCR), sigue una política de tipo de cambio flexible con intervención, para evitar que éste sobrepase un techo o un piso. Si el tipo de cambio cae en exceso, el BCR entra a comprar dólares y si sube en exceso entra a vender. Su objetivo es mantener estable el tipo de cambio dentro de los límites establecidos.
Además de un superávit en la Balanza Comercial, el ingreso de moneda extranjera al Perú tiene lugar vía la cuenta de Capitales, originada en las diferentes tasas de interés determinadas en los mercados monetarios de Estados Unidos y Europa, respecto a la tasa de interés vigente en el Perú.
Si la tasa de interés del exterior es mayor que la nacional, hay una presión para la salida de moneda extranjera del país en busca de esa mayor rentabilidad. La situación actual es al revés, lo que explica la llegada masiva de dinero extranjero, que presiona para una apreciación del sol, que el BCR intenta impedir comprando moneda extranjera, con lo que la cantidad de soles en circulación aumenta, provocando presiones inflacionarias que tratan de ser absorbidas elevando las tasas de encaje.
Para comparar la rentabilidad de los depósitos en soles, dólares o euros, se necesitan dos datos: Primero, la tasa de interés en soles, dólares y en euros. Segundo, la variación esperada del tipo de cambio del sol respecto al dólar y al euro. Para saber si conviene depositar en soles, en dólares o en euros, la pregunta es: Si usamos soles para tener un depósito en soles, dólares o euros ¿Cuántos soles tendremos dentro de un año? Esto nos permite comparar el monto en soles hoy con el monto en soles dentro de un año.
El procedimiento para responder esta pregunta es: En primer lugar usamos el tipo de cambio actual del dólar y del euro, para calcular el precio en soles de un depósito en dólares o en euros. En segundo lugar, usamos la tasa de interés en soles, dólares o en euros, para determinar la cantidad de soles, dólares o euros que obtendremos después de un año de nuestro depósito inicial medido en soles. Finalmente, usamos el tipo de cambio esperado dentro de un año para calcular el valor en soles de los depósitos en dólares o euros, para poder apreciar la diferencia.
Dado el tipo de cambio actual de S/.2.8 soles por dólar, este es el precio en soles de un depósito de un dólar. Después de un año, el depósito en dólares al 2% de interés dará $1.02 dólares. Como no sabemos cuál será el tipo de cambio vigente dentro de un año, aquí entra a tallar el riesgo. Si se espera que el sol se aprecie respecto al dólar, de modo que dentro de un año el tipo de cambio sea de 2.7, estamos anticipando que dentro de un año el valor en soles del depósito en dólares será de 2.7 soles multiplicado por 1.02 dólares igual 2.754 soles. En este caso tenemos una rentabilidad negativa por ahorrar en dólares que resulta ser de (2.754 – 2.8)/2.8 = - 1.64% al año. La rentabilidad en soles es mayor vía mayor tasa de interés del sol y vía depreciación del dólar y apreciación del sol. Solo restaría que usted ubique cual de los intermediarios financieros le ofrece la más alta tasa de interés en soles por su dinero. Igual procedimiento se sigue para el euro.
(*) Profesor de la Universidad de Lambayeque (UDL).

sábado, 17 de julio de 2010

Panorama Economico Internacional y del Peru, por Ricardo Lago

Panorama económico internacional y del Perú
17 de Julio del 2010





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LIMA | Panorama internacional. Desde que estalló la crisis, el periodismo económico ha venido focalizando secuencialmente problemas concretos: primero la contaminación planetaria de las hipotecas basura de EE.UU.; luego los pánicos bancarios y bursátiles y posteriores rescates con dinero público; a continuación la inyección monetaria contra la deflación y el neo-keynesianismo contra la recesión; ahora la crisis de solvencia soberana de los países europeos. En definitiva, vivimos en un continuo apagafuegos corriendo de un árbol a otro y a veces perdemos la perspectiva del devenir en el bosque entero.

El problema de fondo es el mal estado de las hojas de balance del sector público, familias e intermediarios financieros en casi todos los países desarrollados. Crisis típicas en la fase final de periodos prolongados de innovación y prosperidad. En el mejor de los casos, recomponer las hojas de balance llevará tiempo y requiere menos consumo, más ahorro privado, más impuestos y menos gasto público. Y en el peor de los casos, suspensiones de pagos e inflación alta. Los indicadores y las bolsas nos dicen que se está agotando la recuperación raquítica y renqueante de los últimos 12 meses. No hay salida fácil ni rápida. Estamos en la fase contractiva de uno de esos ciclos largos que describieron los economistas Schumpeter y Kuznets.

Bolsas. Nos "leen las cartas". La Bolsa de Shanghái no ha levantado cabeza desde la corrección de agosto del 2009. Mal presagio, pues es la economía china la que tira del carro. Las bolsas de EE.UU. y europeas parecen haber entrado en un nuevo mercado del Oso (o bajista), al haber caído ambos índices Dow-Jones industrial y Dow-Jones Transporte debajo de los niveles mínimos registrados en la corrección de principios de junio (la señal que propuso Charles Dow a principios del siglo XX). Es decir, el mercado alcista reciente habría durado 15 meses desde marzo del 2009. El analista Mark Hulbert nos recordaba hace unas semanas que desde 1900 han habido 33 mercados alcistas de ciclo corto (y tan sólo 3 de ciclo largo). De los 33, 13 han durado no más de 15 meses. Si analizamos los 20 que han excedido los 15 meses y comparamos el promedio de las valoraciones (relación de precio-utilidad o PE ratio), la bolsa de EE.UU. estaría ya sobrevaluada entre 15% y 20%. Seguimos en un mercado bajista de ciclo largo. La caída de las bolsas arrastrará al cobre y otros metales no preciosos. Mi pronóstico para el cobre es de 2 a 2.5 dólares la libra antes de junio del 2011.

Monedas. Hoy el dinero huye de Europa por temor a que se resquebraje la Zona Euro y se va a bonos del Tesoro de EE.UU., pero el aterrizaje en dólares no es final de viaje sino sólo "parada y fonda". La razón es que la deuda pública bruta de EE.UU. ya está en el entorno del 100% del PBI, y dados los déficits presupuestales actuales y previsibles, en pocos años se acercaría al nivel máximo histórico de 120% del PBI de la segunda post-guerra. Japón, con una deuda de 200% del PBI, tampoco es destino atractivo. A la larga no puede haber moneda fuerte emitida por país alguno sobreendeudado y con finanzas públicas débiles. Así que ni euro, ni dólar, ni yen, ni la libra. ¿Y qué queda? Pues el oro y otros metales preciosos y el estrechísimo mercado de los dólares canadiense, australiano y neozelandés, la corona noruega, el franco suizo y algunas monedas de emergentes: el yuan chino -que no es convertible-, el real brasileño, el sol peruano, el peso chileno, etc. Conclusión: el oro seguirá subiendo. Mi pronóstico es que lo veremos a 1,500 la onza antes de finales del 2010 y a 2,000 antes de finales del 2011.

Perú. La fortaleza del sol frente al dólar se ha intensificado: en julio, las compras han ascendido a un promedio diario de casi 90 millones de dólares. El Perú está importando presiones inflacionarias del exterior en la forma de entradas de divisas secuela del superávit en cuenta corriente y del ingreso de capitales. Proceso que anticipé en esta columna hace 15 meses. El BCR está haciendo lo imposible para neutralizar la monetización de los dólares, subiendo los encajes, las tasas de interés, y tomando prestado de los bancos. Pero ante la implacable avalancha de dólares, los instrumentos de política monetaria son insuficientes; sólo una caída mayor del dólar y/o un superávit presupuestal podrían hacer el trabajo. Por eso la inflación vuelve a ser problema. Después de dos semestres de inflación cero en el 2009, hemos pasado a una tasa semestral (anualizada) de 2.9% en el primero del 2010, ya superior al 2.7% en el último semestre del gobierno de Toledo.

El PBI de mayo creció a una tasa interanual de 9.2% y estimo que la tasa de junio estaría por encima del 10%. Me mantengo por tanto en mi pronóstico de hace varios meses de que la economía crecerá 8% en el 2010, pero no más del 5% en el 2011, pues anticipo que habrá desaceleración a partir de agosto. Mi pronóstico revisado de inflación para el 2010 es no menos de 4%.

Aráoz. Leo con agrado la posible postulación de la ministra Mercedes Aráoz a la Presidencia. Su desempeño en los tres ministerios económicos clave ha sido muy eficaz y honesto; sabe explicar al público temas difíciles con claridad y sosiego; tiene extraordinarias dotes gerenciales; combina bien la sencillez con una razonable y sana ambición política. Además, amén de conducir con indudable éxito los TLC, tuvo los pantalones para plantarse y renegociar Olmos, subir las gasolinas; para recortar algo el gasto público; no ceder ante presiones salariales excesivas, etc. Aráoz enriquece el paisaje de las presidenciales, eleva el listón, y mi pronóstico es que probablemente pasaría a la segunda vuelta.

Si su candidatura se materializa, la gran pregunta es si su sucesor(a) tendría la visión e inspiraría la confianza suficiente para primar la lucha contra la naciente inflación frente a las inevitables presiones de gasto pre-electorales. Y sin duda si mantendría la aureola de honestidad que ha mostrado Aráoz en su carrera.





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jueves, 24 de junio de 2010

Economia y Biodiversidad

ECONOMÍA Y BIODIVERSIDAD
Por: Jesús Castillo More (*)
La Economía es el estudio de la forma como los individuos y la sociedad, resuelven el problema económico, que consiste en que lo que tenemos no alcanza para todo lo que quisiéramos.
Las necesidades de alimentación, vestido, vivienda, salud, educación, transporte y recreación se satisfacen antes que con dinero, con bienes y servicios que a su vez se obtienen con recursos naturales, tecnológicos y humanos, que los primeros economistas clasificaron como tierra, trabajo y capital, que son bienes que sirven para producir otros bienes (herramientas, máquinas, conocimientos e iniciativas). El dinero es un invento de la sociedad para facilitar el intercambio de fondo entre factores de producción ofrecidos por las familias y bienes y servicios ofrecidos por las empresas. La Teoría Económica, cuyo objetivo es simplificar la realidad para explicarla y predecir consecuencias de determinadas acciones, agrupa a todos estos factores de producción en dos grandes categorías: Trabajo (L) y Capital (K), que incluye a los recursos naturales. Cuando usted prepara una limonada, pone sobre la mesa limones, agua, azúcar, jarra, vasos, cuchillo, cucharas y agrega trabajo. Si le piden que clasifique todo esto bajo los rubros L y K ¿Dónde entran los limones? No son trabajo ni capital, son insumos, materias primas o bienes intermedios, que a su vez son resultado del uso de K y L, por lo que la Teoría solo considera a éstos dos como factores de producción en general. La justificación es que la producción total solamente incluye los bienes y servicios finales, para lo cual hay que restar los bienes intermedios, con lo que se aprecia el valor agregado por el esfuerzo productivo y el aporte y en consecuencia ingreso de los propietarios del capital y el trabajo. ¿Dónde incluimos las cáscaras y el desperdicio de la actividad económica? Esto es materia de la economía ambiental. El conocimiento y la innovación son capital humano que potencia la capacidad productiva de K y L para elevar la productividad y el uso de tecnologías limpias que no contaminen. La regulación del estado tiene lugar aquí, para impedir la contaminación y para dotar de infraestructura física y capital social mediante educación y salud de calidad.
La escasez de recursos obliga a tomar decisiones y organizar la actividad económica, que históricamente ha adoptado dos formas: una vertical de arriba hacia abajo, como en el imperio incaico y en los países socialistas, donde el mecanismo es la planificación central, y otra horizontal como en la mayoría de las economías modernas, donde el mecanismo para resolver el que producir con los recursos escasos, cómo producir y para quién producir es el sistema de precios, que requiere para su funcionamiento la propiedad privada de los factores de producción, que dan lugar a oferta y demanda, es decir al mercado, donde la interacción entre productores y consumidores asigna los recursos en forma descentralizada dando lugar a beneficios mutuos.
El funcionamiento del sistema de precios a través del mercado, presenta fallas relacionadas con la desigualdad en la distribución del ingreso, bienes públicos, mercados imperfectos como los monopolios, información asimétrica y externalidades relacionadas con perjuicios o beneficios que no son internalizados como costos o beneficios por quienes los originan, por ejemplo la contaminación ambiental de la actividad minera o la revalorización de inmuebles circundantes a un supermercado. Toda actividad económica contamina, lo que no es razón para prohibirla, pues nos quedaríamos sin producir nada. Los dueños de establos lecheros lo saben muy bien. El problema es de sumas y restas: interesa los beneficios netos luego de restar los costos privados y sociales a los beneficios. En el caso de los proyectos mineros, la pregunta es qué pasará con y sin el proyecto. ¿Tiene sentido oponerse con el argumento de la contaminación a una empresa minera que usará tecnologías limpias y generará empleos y otros beneficios, para luego dejar los yacimientos en manos de mineros informales que solo generan contaminación?
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha declarado este año como el Año Internacional de la Diversidad Biológica. Con tal motivo, el Diario El Comercio publicó hace un mes, un suplemento, titulado “Biodiversidad divino tesoro” editado por la especialista en Medio Ambiente Martha Meier Miró Quesada, donde informa que el Perú posee una diversidad sorprendente en términos de flora, fauna, climas, ecosistemas, agro diversidad, tradiciones étnicas y culturales, que incluye 333 especies de anfibios, 462 de mamíferos, 1806 de aves, 2000 de peces y 4,400 de plantas naturales, de las cuales 1408 son medicinales. El Perú tiene 28 de los 32 tipos de clima en el mundo y 84 de las 104 zonas de vida identificadas en el mundo. ¿Cuál es la biodiversidad de la Región Piura o de la Región Lambayeque? Esta es pregunta básica para nuestros candidatos. Todo este potencial está a la espera de su complemento indispensable para sacarle provecho en la lucha contra la pobreza: personas capacitadas y honestas que lideren la formación de capital humano, infraestructura, seguridad ciudadana, ordenamiento jurídico, que de continuidad al crecimiento económico con equidad, evitando a los políticos rutinarios que no ven más allá de sus propios intereses, o se limitan a seguir instrucciones de quienes los reclutaron y dieron el cargo.
(*) jcastillomore@gmail.com

Universidad, Enseñanza y Aprendizaje; Luis Jaime Cisneros

Universidad, enseñanza y aprendizaje
Dom, 20/06/2010 - 19:23

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.Por Luis Jaime Cisneros

Han terminado todos los trámites de mi jubilación en la Católica. Sesenta años han servido para perfeccionar mi vocación docente. Y es natural que quiera dedicar unas palabras a la memoria de un profesor y de un estudiante cuya amistad me ayudó a ir robusteciendo mi fe en el hombre y en nuestra tarea universitaria. Larga y provechosa fue la vida profesional de Adolfo Winternitz; edificante su conducta ejemplar de hombre de fe. Breve, en cambio, pero rica en frutos perdurables, la de Alfonso Cobián, que como alumno, como dirigente estudiantil y, más tarde, como profesor supo mirar el porvenir con entusiasmo. Y para que mi evocación alcance horizontes de actualidad, junto a todos los que mi memoria debe gratitud y reconocimiento la figura de Felipe Mac Gregor, rector magnífico que supo hacer de la PUCP una institución de auténtica vida intelectual y le aseguró la fisonomía que actualmente ostenta.

Estos largos años me han permitido ser testigo de cómo la universidad fue adquiriendo paulatinamente la jerarquía que hoy se le reconoce. De una casa en la que los más importantes éramos los profesores que dictábamos clases y recomendábamos lecturas, hemos llegado a ser, felizmente, una institución en la que lo importante radica en los trabajos en los que nos empeñamos profesores y estudiantes, y que adquieren fisonomía claramente universitaria en artículos, monografías, tesis. Hemos dejado de ser testigos y aprendido a ser ejecutores de la actividad universitaria por excelencia, que es la investigación. El estudiante ha dejado de ser un mero ‘receptor’ de conocimientos. Sin él no hay cómo realizar la tarea universitaria. Lo he comprobado en estos 60 largos años. El estudiante tiene que estar comprometido con el diseño de nuestra tarea, y es responsable de la implementación de la estrategia del aprendizaje. La ciencia supone enseñanza y aprendizaje simultáneo de profesores y estudiantes. Esa es la tradición que la universidad tiene que salvar y robustecer. El conocimiento es la gran aventura creadora de la inteligencia.

La tarea universitaria era ciertamente distinta en 1948. A principios del siglo nuevo, es importante comprender que estamos en una era científica. La tecnología ha derrotado al empirismo tradicional, y es verdad que cada día la sociedad necesita más científicos. Esto ha ido modificando el nivel de todos los oficios, y aún el de las mismas profesiones. Las máquinas van acaparando las operaciones rutinarias, y eso hace cada vez más exigente la tarea del hombre: apremia cada día más su labor de inteligencia, su responsabilidad intelectual. En otras palabras: el reto del homo humanus es cada día mayor. Pero si la máquina hace lo que le toca, el hombre debe asumir cada día (y en mayor grado) lo que le es propio. La aspiración de estudiar en la universidad tiene un límite de exigencia elemental: la capacidad intelectual. La universidad debe ampliar sus campos de investigación. Cuanto más investigue, afianzará su condición universitaria y asegurará la calidad de su trabajo creador.

Y no cabe olvidar, en esta hora del mundo, que ahora la universidad no puede sentirse despreocupada de los derechos humanos. Para que el término no sea una metáfora al servicio de los tristes intereses de la política efímera, la universidad debe contribuir a reflexionar sobre el tema en la gran perspectiva de su tarea diaria. No solo necesita la universidad profesores que aseguren la búsqueda del conocimiento. Necesita también maestros que aseguren la formación de nuevas generaciones. Dar formación y no reducirse la tarea a la mera enseñanza y al puro aprendizaje. La formación es la conjunción de todos los saberes fundamentales: supone un saber integrador ‘del hombre’, ‘en’ el hombre y ‘para’ el servicio del hombre. Lo importante es hacer con todo ello una unidad a la medida del hombre. Se trata de conciliar las ciencias en un saber humano. Y eso no es asunto de un profesor encargado de una determinada asignatura. Es tarea ajena a la de proporcionar información. Se trata de salvar las esencias. Y tiene que ver con la personalidad, con el puesto del hombre frente al mundo y en el mundo: con el ser-para-la-cultura, que es uno mismo. Mac Gregor se preocupó de que la universidad asegurase esas esencias. Es la manera como debe entenderse en la universidad el derecho a la cultura, que es uno de los derechos humanos que la Constitución garantiza y defiende.

jueves, 10 de junio de 2010

VEVO - FIFA World Cup Kick-Off Celebration Concert

VEVO - FIFA World Cup Kick-Off Celebration Concert

30 segundos de Cultura, por Cristián Warnken

Cristián Warnken
Jueves 10 de Junio de 2010
30 segundos




La cultura ocupó apenas 30 segundos en el discurso presidencial del 21 de mayo. Y si antes ocupaba más, tampoco servía de mucho. La cultura no es un adorno, ni un lujo, ni una excusa para hacer un evento para la foto, ni una cita para mejorar un mal discurso sin ideas.

La cultura no es propiedad de la izquierda ni del centro ni de la derecha. La cultura no es un hobby de estiradas damas señoriales ni el monopolio de desastrados artistas marginales. La cultura tiene cada día menos páginas en los diarios. La cultura es casi una herejía en televisión. La cultura es secuestrada a veces por la academia, pero siempre escapa ilesa y recupera su libertad. La cultura no es la función de ópera a la que se va para calentar el asiento ni la pintura que se compra para adornar el living de la casa. La cultura no puede ser una plataforma para pagar facturas de almuerzos de amigos o “compañeros”, operadores políticos que confundieron el Ministerio de la Cultura con el Ministerio de la Frescura. La cultura necesita gestión, pero no puede ser la esclava, la Cenicienta de la gestión.

La cultura es Vicente Huidobro enterrado de pie en Cartagena, mirando al infinito y flotando por sobre un mar de olvido y abandono. La cultura se respira, se huele, se vive, se camina, se hace bailando de campanario a campanario. La cultura no es hablar en difícil para que todos nos quedemos dormidos. La cultura no es el Carnaval de la Cultura, sino la fiesta auténtica de los pueblos.

La cultura —como Dios y el diablo— vive en los detalles de un oficio y un gesto. La cultura se esconde para que no la conviertan en pieza de museo: la veo correr al alba, con todos sus velos y su sonrisa enigmática al viento. Los jóvenes que están tocando y bailando cuecas sabrosas con el mismo fervor y rigor de sus bisabuelos: eso es cultura.

La cultura es también cuando la Roja se arriesga y danza y vuela y juega bonito, dirigida por el poeta Bielsa. La cultura escapa a toda meta, a toda cifra redonda, a todo cálculo. No calza, excede. La cultura me hace cosquillas en el alma.

La cultura es también la sabiduría guardada en los refranes de una oralidad chilena que casi nadie recuerda —nos dice Gastón Soublette—. La cultura es la gratuidad desatada a todos los vientos, los libros que los poetas chilenos publican a pesar de que nadie los compre ni los podrá comprar jamás. La cultura son las orquestas juveniles que siguen tocando en pueblos borrados por el mar y cuya batuta es el puntero del reloj del futuro. La cultura son los estudiantes de lenguas “muertas”, latín y griego, los herederos heroicos de Giuseppina Grammatico que persisten en leer y traducir “La Eneida” de Virgilio, ¡oh, milagro!, en un país donde nadie lee nada.

La cultura no es el resentimiento ni la mala leche, ni la guerra mezquina de pandillas en la carrera loca al Premio Nacional de Literatura. La cultura son todas las casas de adobe del Maule hechas polvo, pero polvo enamorado. La cultura es el refugio antiaéreo para protegerse de los bombardeos de chabacanería y farándula. La cultura es el 65,6 por ciento de los vecinos de Las Condes que —por un instintivo impulso de amor a su barrio— dijeron “no” a la destrucción de la armonía y las proporciones, a la desmesura inmobiliaria. La cultura es un afiche pegado en las ventanas de Valparaíso y que dice: “Yo cuido la vista de mi vecino”.

La cultura nos hace ver con los ojos cerrados imágenes inocentes, tan escasas en estos días. La cultura manoseada, ninguneada, la loca de la casa, loca de patio, a veces se levanta y pena. Despierta a los que todavía creen que un país se mide no sólo por el PIB (producto interno bruto), sino también por el PID (producto interior delicado). Y los hace soñar con un país que se eleve sobre el nivel del mar. Un país que merezca tener las altas cumbres que tiene. Un país que llegue a los 200 años con más, con mucho más que 30 segundos de cultura.

Raul Castro en la Encrucijada, Artículo de Ricardo Montaner

Esta historia cubana, curiosamente, comienza en la URSS.



En 1985, tras la muerte en pocos años de Leonid Brezhnev (1982), Yuri Andropov (1984) y Konstantin Chernenko (1985), Mijail Gorbachov, miembro del Politburó, ex protegido de Andropov, ex jefe de la KGB, llegó al poder en la URSS decidido a reformar el aparato productivo de la Unión Soviética. No era posible que el mayor país del mundo –más del doble del tamaño de Estados Unidos–, con un enorme capital humano y con inmensas riquezas naturales, fuera tan radicalmente improductivo, pobre e insignificante desde el punto de vista científico económico. Como caricaturizó a la URSS un cáustico diplomático norteamericano, “aquello” era Bangladesh con cohetes atómicos.



Tras perder cierto tiempo combatiendo el alcoholismo nacional con prohibiciones e impuestos, un vicio bastante difícil de desarraigar, la primera medida que Gorbachov puso en marcha fue dedicada a acelerar la producción nacional, la llamada uskoréniye. Los índices de desarrollo y sanidad comenzaban a caer en picado y cada vez era mayor la distancia que separaba a la URSS del enemigo norteamericano y de Europa occidental. Sin embargo, pronto se vio que no tuvo éxito.



La segunda, fue la conocida como glasnost o transparencia. La tesis que la respaldaba, auspiciada por Alexander Yakolev, un teórico marxista asesor de Gorbachov, mantenía que había que examinar abierta y libremente los problemas de las sociedades comunistas para poder corregirlos, renunciando a la violencia represiva. Los rusos, por primera vez en muchas décadas, comenzaron a quejarse abiertamente y de manera creciente. La producción no aumentó, pero pronto se hizo evidente lo que tantos sospechábamos: la distancia emocional e intelectual del conjunto de la sociedad con los dogmas comunistas era total e irreversible.



La tercera, fue la llamada perestroika, una reforma del Estado que incluía la descentralización y la transmisión de la autoridad a muchos tecnócratas, mientras reforzaba ciertos mecanismos de mercado. Tampoco dio resultado. Parecía que el régimen comunista había llegado a un insuperable nivel e incompetencia.



Gorbachov, no obstante, en 1987 publicó un libro que se convertiría en un bestseller: Perestroika. En Cuba, Raúl Castro, ministro de Defensa, lo hizo traducir inmediatamente al español, de lo que se ocupó su secretario, un experto en la cultura eslava, y lo repartió profusamente entre el estamento militar. Poco después, Fidel, guiado por su infatigable instinto represivo, ordenó la recogida de la edición. No era conveniente que semejante texto estuviera en manos cubanas. Raúl, claro, obedeció en el acto, pero continuó rumiando su contenido.



Durante toda su vida, Raúl Castro había vivido como un apéndice intelectual y físico de su hermano mayor. Desde la adolescencia, cuando sus padres se lo entregaron a Fidel para que intentara que terminara sus estudios, Raúl se había acostumbrado a obedecerlo y a admirarlo. Fidel no consiguió graduarlo de la universidad, pero lo arrastró al ataque al Moncada, al desembarco del Granma, a la lucha guerrillera y lo convirtió en el segundo de a bordo, colocándolo al frente de las Fuerzas Armadas para evitar conspiraciones o el surgimiento de líderes alternos. Raúl había vivido exitosamente la vida que su hermano le había diseñado. Fidel lo había dotado de ideas y de impulsos.



En esa época –años ochenta–, bajo la influencia de la perestroika, quizás convencido de la inevitabilidad del cambio dentro de los países comunistas, Raúl envió a varias docenas de sus oficiales mejor educados a que adquirieran una buena formación como gerentes de empresas en universidades europeas de buena calidad, y luego los puso al frente del creciente sector productivo directamente controlado por las Fuerzas Armadas, parque empresarial que hoy acapara en torno al 50 por ciento del PIB nacional y abarca desde la agricultura hasta la industria hotelera.



En el verano de 2006, ocurrió algo previsible, pero impensable en las sociedades dirigidas por un endiosado caudillo: Fidel Castro enfermó gravemente y debió entregarle el poder a su hermano, el general Raúl Castro. El riesgo de morir era muy alto. No obstante, Fidel, como sabemos, no murió, pero quedó gravemente enfermo e incapacitado para ejercer como Presidente. Conservó, sin embargo, la autoridad política total sobre el régimen, un tácito poder de veto, aunado a la autoridad moral y psicológica sobre su hermano, lo que le ha permitido impedir cualquier desviación sustancial de las líneas maestras impuestas por él al país desde hace más de medio siglo.



En todo caso, los dos hermanos tienen personalidades muy diferentes. Raúl, aunque podía matar incluso con mayor frialdad que Fidel, era una persona más jovial y realista, nada carismática, con sentido de sus propias limitaciones y dispuesta a gobernar colegiadamente con el concurso de sus subordinados. Por eso, desde que asumió la presidencia del país dejó en claro que prepararía las cosas para que la sucesión se produjera dentro de las instituciones del sistema comunista: el Partido asumiría las funciones de control y ahí se transmitiría ordenadamente la autoridad tras su muerte.



Por supuesto, antes de que se llegara a ese punto, Raúl se propuso organizar y aumentar sustancialmente la producción para que la sociedad cubana comprobara que en la Cuba del poscastrismo, de la cual él era la primera muestra, era posible prosperar y superar las inmensas carencias que padecía el país.



Ésa era una de las principales diferencias entre los dos hermanos. Fidel negaba la terrible realidad material en que vivían los cubanos. Cuando Fidel se refería a Cuba sólo veía una sociedad de niños educados y con acceso a un extendido sistema de sanidad, y con un Estado solidario dedicado a la solidaridad universal con los necesitados de todo el planeta. Cuando Raúl se refería a Cuba, contemplaba millones de personas mal alimentadas, cobijadas en viviendas semidestruidas, con acceso muy precario a los servicios de agua, electricidad, comunicaciones y transporte. Raúl pensaba que el sistema sólo podía consolidarse tras la desaparición de la generación del 53, la que hizo la revolución, si esas miserias materiales eran eliminadas.



Él pensaba que podía llevar a cabo esa labor. No era, como Fidel, una persona desorganizada y caótica, sino alguien metódico, capaz de trabajar en equipo, que durante 47 años había sido un competente ministro de Defensa, capaz de convertir a unos cuantos guerrilleros sin instrucción militar (él mismo incluido), en el noveno ejército del mundo, triunfador en Angola y Etiopía, como ocurrió a lo largo de la década de los setenta.



Incluso, tenía otra experiencia notable: tras la desaparición del subsidio soviético, Raúl había sido capaz de reducir las fuerzas armadas cubanas a un tercio de lo que fueron en su momento de mayor esplendor, cancelando casi totalmente a la Marina y a la Fuerza Aérea, que sólo conservó un par de escuadrones con capacidad de combate.



Lo que Raúl no entendía es que dirigir un ejército es mucho más fácil que dirigir exitosamente el tejido empresarial de una sociedad moderna. Un ejército es una organización vertical, basada en la obediencia ciega, cuya función es el ejercicio de la fuerza. Su eficiencia se mide por su capacidad para destruir, controlar o intimidar. Eso sólo depende de los medios de que disponga, de las reglas que lo organizan y del liderazgo de los jefes.



El tejido empresarial, por el contrario, está condicionado por la necesidad de rendir beneficios. Debe recibir unos insumos, producir bienes o servicios, satisfacer a los consumidores y generar beneficios para mantener el aparato productivo, crecer, invertir, innovar y continuar incesantemente el ciclo que exige el proceso de creación de riqueza. Por eso a un ejército le toma un minuto destruir un puente, y a la sociedad le toma un año construirlo.



A partir del verano de 2006, Raúl Castro está descubriendo la inmensa diferencia que hay entre las dos tareas. Mientras las empresas necesitan tomar decisiones de manera autónoma, basadas en su realidad y en las que el impulso psicológico que moviliza a los trabajadores no es la obediencia ciega a los jefes, sino sus propios intereses materiales, los ejércitos operan de manera absolutamente diferente. Cuando Raúl Castro era ministro de Defensa le daba una orden a un general y éste solía cumplirla a rajatabla, hoy puede dar la orden de que se produzcan más gomas de autos o más planchas de zinc y, al cabo de cierto tiempo, podrá observar que su instrucción ha sido parcial o totalmente ignorada o, incluso, advertirá que lo han engañado, y las metas supuestamente cumplidas jamás se han alcanzado. Para mayor contrariedad, mientras en el Ejército podía mandar a la cárcel o al paredón a quien le tomara el pelo, en el mundo empresarial, sólo podrá separarlo de su cargo.



Ante esta situación, Raúl, hombre organizado, comenzó su gestión ordenando una minuciosa auditoría de miles de empresas para descubrir por qué el aparato productivo cubano era tan raquítico. Por ahora, las conclusiones a las que va llegando son pavorosas:

· La dirección de las empresas no suele estar en manos de las personas idóneas, sino de los partidarios fieles capaces de recitar los dogmas revolucionarios. El sistema no premia la eficiencia, sino la lealtad partidista.

· La corrupción es rampante. Casi todos los cuadros mienten. El robo dentro de las empresas es la regla, no la excepción.

· La indisciplina laboral y el ausentismo son apabullantes. Los trabajadores no tienen incentivos para trabajador.

· Las plantillas están sobredimensionadas. De un total de cuatro millones de trabajadores, sobran más de un millón. Despedirlos es condenarlos a una total marginación, porque el sistema no estimula ni permite la creación de empresas.

· Lo que en mal castellano llaman la planta física suele estar en un estado terrible de atraso y deterioro como consecuencia de la falta de mantenimiento y de inversiones y no hay recursos para mejorarla.



Sin embargo, todavía Raúl Castro no ha descubierto otras razones que explican el fracaso del aparato productivo cubano. Está hoy exactamente en el mismo punto en el que se encontraba Gorbachov a fines de los ochenta. La producción de azúcar ha caído a niveles de hace más de cien años, y el país, en plena degradación material, ni siquiera puede alimentarse. ¿Por qué? Por seis razones que no puede resolver con el modo comunista de producción:

1. Sin una moneda fuerte que mantenga su valor y poder adquisitivo, las transacciones económicas son como arar en el mar.

2. Sin propiedad privada, los individuos no conservan la riqueza material creada ni se esfuerzan en crear más. El “bien público” es una risueña entelequia. Sin empresa privada, no hay desarrollo.

3. Sin un sistema de precios regidos por la oferta y la demanda, es imposible asignar eficazmente los recursos disponibles. Los precios fijados por el mercado son el lenguaje con que, espontáneamente, se expresa la economía. Esto no es un caprichoso dogma ideológico, sino una observación mil veces confirmada en el mundo real.

4. Sin libertad económica y sin reglas claras que faciliten la creación de empresas, obstaculicen la corrupción y premien el ahorro y la inversión local y extranjera, jamás se dará la generación de riquezas de forma sistemática.

5. Sin un ordenamiento jurídico y un poder judicial eficaz, equitativo e independiente que resuelva los inevitables conflictos, castigue a los culpables, proteja los derechos de las personas y dé seguridades, no es posible el sostenimiento de una sociedad próspera.

6. Sin transparencia y rendición de cuenta de los actos de gobierno, y sin funcionarios colocados bajo la autoridad de la ley, guiados por la meritocracia y legitimados en elecciones periódicas, tampoco se consigue alcanzar unas cotas decentes de desarrollo.



¿Está listo Raúl Castro para admitir estas amargas verdades o prefiere seguir poniendo parches inútiles que no evitan el hundimiento de la nave? En su momento, Raúl dijo que no lo habían “elegido” para enterrar a la Revolución, sino para mejorarla. A estas alturas, ya sabe que eso es imposible. Es el mismo dilema que Gorbachov debió enfrentar: o renuncia al disparatado modelo comunista o se empeña en mantenerlo y destroza a Cuba aún más. Hasta ahora todo indica que Raúl prefiere morir en el error aunque les deje a los cubanos un país en ruinas. Eso se llama ensañamiento.