domingo, 14 de octubre de 2012


OPINIÓN
La mistificación monetaria
Tanto los temores como la euforia ante la actuación de los bancos centrales son injustificados
Los bancos centrales de ambos lados del Atlántico adoptaron medidas extraordinarias de política monetaria en septiembre: la tan esperada QE3 (tercera dosis de flexibilización monetaria por parte de la Reserva Federal estadounidense) y el anuncio del Banco Central Europeo sobre la compra ilimitada de bonos de los Gobiernos de los países con dificultades de la Eurozona. Los mercados respondieron con euforia. En EE UU, por ejemplo, los precios de las acciones alcanzaron sus niveles máximos desde la recesión. Otros, especialmente quienes se ubican en la derecha política, se mostraron preocupados por la posibilidad de que las recientes medidas monetarias aumenten la inflación en el futuro y provoquen un gasto gubernamental desenfrenado.
El hecho es que tanto los temores de los críticos como la euforia de los optimistas son injustificados. Con tanta capacidad productiva actualmente infrautilizada y con perspectivas económicas tan sombrías a corto plazo, el riesgo de una inflación grave es mínimo.
De todas formas, las acciones de la Reserva Federal y el BCE enviaron tres mensajes que deben dar un respiro a los mercados. En primer lugar, que las acciones previas no han funcionado; de hecho, los bancos centrales más importantes son en gran parte responsables de la crisis, pero su capacidad para revertir sus errores es limitada.
En segundo lugar, la decisión de la Reserva Federal de mantener los tipos de interés en niveles extraordinariamente bajos hasta mediados de 2015 implica que no espera una pronta recuperación. Ello debería ser una señal de aviso para Europa, cuya economía es actualmente mucho más débil que la estadounidense.
Mayor liquidez si se mantienen las políticas de austeridad no reavivará la economía española
Finalmente, la Reserva Federal y el BCE indicaron que los mercados por sí solos no propiciarán un rápido regreso al pleno empleo. Es necesario un estímulo. Eso debería servir de réplica a quienes exigen exactamente lo opuesto tanto en Europa como en EE UU: mayor austeridad.
Pero el estímulo necesario —en ambos lados del Atlántico— es de carácter fiscal. La política monetaria ha demostrado ser ineficaz y es improbable que más de lo mismo consiga devolver a la economía al sendero del crecimiento sostenible.
En los modelos económicos tradicionales la mayor liquidez produce más crédito —en su mayoría para los inversores y a veces para los consumidores—, lo que incide positivamente en la demanda y el empleo. Pero consideren un caso como el español, donde tanto dinero ha huido del sistema bancario —y continúa haciéndolo mientras Europa juguetea con la puesta en marcha de un sistema bancario común—. Limitarse a inyectar liquidez mientras se continúa con las actuales políticas de austeridad no reavivará la economía española.
Además, en EE UU los bancos más pequeños, que financian en gran medida a las pequeñas y medianas empresas, fueron abandonados a su suerte. El Gobierno federal —tanto durante la presidencia de George W. Bush como la de Barack Obama— destinaron cientos de miles de millones de dólares a apuntalar a los megabancos, al tiempo que dejaban que centenares de estas entidades de crédito más pequeñas, aunque de fundamental importancia, quebraran.
El crédito seguiría limitado incluso si los bancos gozaran de mayor salud
Pero el crédito seguiría siendo limitado incluso si los bancos gozaran de mejor salud. Después de todo, las pequeñas empresas dependen de los créditos con avales, y el valor de los bienes inmuebles —el aval más habitual— aún se mantiene a un tercio de sus niveles precrisis. Además, dada la magnitud del stock de viviendas sin vender, los bajos tipos de interés no harán subir el precio de los inmuebles y mucho menos inflar otra burbuja de consumo.
Por supuesto, no pueden descartarse efectos marginales: los cambios pequeños en los tipos de interés a largo plazo debido a la QE3 pueden propiciar pequeños aumentos en la inversión; algunos ricos aprovecharán la subida del precio de las acciones para consumir más; y unos pocos propietarios podrán refinanciar sus hipotecas y reducir sus cuotas, lo que también les permitirá consumir más.
Pero la mayoría de los ricos saben que las medidas temporales solo generarán una efímera subida de los precios de las acciones, insuficiente para permitir un aumento significativo del consumo. Más aún, los informes sugieren que pocos de los beneficios de los menores tipos de interés a largo plazo se están filtrando a los propietarios de viviendas; los principales beneficiarios, parece, son los bancos. Muchos de los que desean refinanciar sus hipotecas aún no pueden hacerlo, ya que deben más dinero del que vale la propiedad hipotecada.
En otras circunstancias, EE UU se beneficiaría del debilitamiento del dólar que se deriva de los tipos de interés bajos, una suerte de devaluación competitiva mediante políticas de empobrecer al vecino a expensas de los socios comerciales estadounidenses. Pero dados los bajos tipos de interés europeos y la desaceleración global, es probable que los beneficios sean pequeños incluso en este caso.
A algunos les preocupa que la nueva liquidez conduzca a peores resultados —por ejemplo, un boom de las materias primas que funcionaría en gran medida como un impuesto sobre los consumidores estadounidenses y europeos—. Las personas de mayor edad, que fueron prudentes y mantuvieron su dinero en bonos del Tesoro, verán un descenso en su rendimiento, algo que reducirá aún más su consumo. Y los bajos tipos de interés invitarán a las empresas a invertir en capital fijo, como máquinas muy automatizadas, garantizando que cuando llegue la recuperación generarán relativamente pocos puestos de trabajo. En resumen, los beneficios son, en el mejor de los casos, pequeños.
En Europa, la intervención monetaria tiene un potencial de ayuda mayor, pero el riesgo de empeorar las cosas es similar. Para disipar la ansiedad sobre el despilfarro gubernamental, el BCE incluyó condiciones en su programa de compra de bonos. Pero si las condiciones funcionan como medidas de austeridad —impuestas sin medidas conjuntas significativas para impulsar el crecimiento— serán más semejantes a una sangría: el paciente debe arriesgarse a morir antes de recibir medicinas genuinas. El miedo a perder la soberanía económica hará que los Gobiernos se muestren reacios a pedir ayuda al BCE, y solo si la solicitan habrá efectos reales.
Existe un riesgo adicional para Europa: si el BCE se centra demasiado en la inflación, mientras que la Reserva Federal intenta estimular la economía estadounidense, los diferenciales en los tipos de interés conducirán a una apreciación del euro (al menos en términos relativos a lo que sería si este no fuera el caso), socavando la competitividad y las perspectivas de crecimiento de Europa.
Tanto para Europa como para EE UU, el peligro reside en que los políticos y los mercados crean que la política monetaria puede revivir la economía. Desafortunadamente, su impacto principal en este momento es el de distraer la atención de medidas que verdaderamente estimularían el crecimiento, incluida la política fiscal expansionista y reformas en el sector financiero que impulsen el crédito.
La caída actual, que ya dura media década, no tendrá una pronta solución. Eso, en síntesis, es lo que están afirmando la Reserva Federal y el BCE. Cuanto antes lo reconozcan nuestros líderes, mejor.
Joseph E. Stiglitz, premio Nobel de Economía en 2001, es catedrático de la Universidad de Columbia.

lunes, 8 de octubre de 2012


Por Carlos Alberto Montaner
Nota del editor: Carlos Alberto Montaner es escritor y analista político de CNN. Sus columnas se publican en decenas de diarios de España, Estados Unidos y América Latina. Montaner es, además, vicepresidente de la Internacional Liberal. Su último libro es la novela "La mujer del coronel".
Me tocó pasar la jornada electoral en un popular restaurante de Miami rodeado de venezolanos convocados por Alexis Ortiz y Pedro Mena, dos líderes del exilio representantes de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), quienes hicieron una espléndida labor en los comicios recientes. Me tocó, también, ver a muchos venezolanos que lloraban ante el triunfo de Chávez, pues algunos encuestadores esta vez los habían convencido de que la oposición conseguiría derrotarlo. Hasta media hora antes de conocerse los datos oficiales, circulaba la información de que varias encuestas al pie de urna le daban la victoria a Capriles.
¿Por qué ganó Chávez pese a su lamentable labor como gobernante? Vladimir Gessen, un notable psicólogo y político venezolano supone que Henrique Capriles perdió las elecciones porque no supo o quiso mantener la sensación de unidad nacional con que ganó las primarias. Debió hacer la campaña –escribió–, junto al resto de los líderes a los que derrotó en las elecciones internas convocadas por la MUD.
Sin rechazar esa hipótesis, mi impresión es que hubo otros cuatro factores decisivos:
1. Chávez, con su característico estilo de caudillo latinoamericano ha conectado emocionalmente con una parte sustancial de los venezolanos. Fuera de ese ambiente puede resultar un tipo ridículo, incluso cómico, pero en esa atmósfera mucha gente lo percibe como un fenómeno casi religioso.
2. Ha creado una fuerte relación clientelista con una parte del electorado venezolano perteneciente a los copiosos sectores D y E del país. Como el argentino Perón y el PRI mexicano demostraron, se puede gobernar mal durante mucho tiempo y seguir siendo popular y exitoso. Los niveles sociales bajos conforman las dos terceras partes del electorado venezolano. Ésa es su cantera de votos y lo será mientras esperen dádivas del pintoresco líder.
3. Las inmensas ventajas preelectorales de Chávez hacen muy difícil derrotarlo. Es el amo de la televisión y la radio, medios a los que encadena cada vez que desea. Por cada minuto de televisión al alcance de Capriles, Chávez disponía de cincuenta.
4. Chávez poseía y utilizaba los recursos ilimitados que le proporciona el petróleo por medio de PDVSA, su gran financista, más todos los instrumentos del Estado.
En esas circunstancias, lo asombroso es que un joven político latinoamericano, con mínimos recursos y en una clarísima desventaja, Henrique Capriles Radonski alcanzara prácticamente el 45% del voto popular, algo más de seis millones de venezolanos, convirtiéndose en el adversario, hasta ahora, que más respaldo ha suscitado entre sus compatriotas y en la cabeza de una oposición mucho mejor vertebrada.
Si la MUD consigue mantener la unidad de los demócratas y Capriles logra vencer la desmoralización que usualmente generan estas derrotas y persuade a los venezolanos de que ha sido una proeza reunir a casi la mitad del país tras la causa democrática, ésa es la fuerza política que gobernará a Venezuela en un mediano plazo.
La próxima cita electoral es en diciembre próximo. En esa fecha se discutirán las gobernaciones de los estados regionales y la composición de los parlamentos de estas entidades federales. Para la oposición es muy importante mantener algunas de la zonas de poder que ya controlan e incrementar la autoridad sobre nuevos espacios geográficos, mientras se preparan para el día en que puedan conquistar la presidencia. Henrique Capriles, que hoy es inmensamente conocido, popular y respetado en el país, haría muy bien en continuar la campaña por toda la geografía en beneficio de los candidatos de la oposición, para ayudarlos a triunfar y para mantener la vigencia de su liderazgo.
¿Cuándo será ese día del gran triunfo? No está lejos. Con la oposición con un 45% del voto es sólo cuestión de tiempo. Esa es casi la mitad del país. No obstante, a corto plazo depende del grave cáncer que padece Hugo Chávez. Cuando Franco, ya muy viejo, agonizaba, los españoles hablaban de “la solución biológica”. En Venezuela acaso suceda algo parecido. No sé si será la solución, pero probablemente será el punto de partida del fin del chavismo. El caudillo se llevará a la tumba su legado.
(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a Carlos Alberto Montaner)

domingo, 12 de agosto de 2012


El éxito del sastre global
Inditex ha triplicado su valor con la crisis y ha colocado a su creador, Amancio Ortega,
entre los tres más ricos del mundo. La empresa nada a contracorriente batiendo récords
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Amancio Ortega, propietario de Inditex / XOSE CASTRO (LA VOZ DE GALICIA)
Hace casi año y medio, la prensa gallega dio cuenta de la visita de Amancio Ortega a un centro comercial de las afueras de A Coruña, conocido como Marineda City. Allí recorrió durante algunas horas las tiendas del grupo Inditex (también podría decirse “sus tiendas”) con toda naturalidad, tanto es así que aprovechó a mediodía para tomarse en un bar cercano un sándwich vegetal, una cerveza y un café con sacarina, un almuerzo que les pareció austero a los cronistas, tratándose en ese momento de quien era el octavo hombre más rico del mundo. Lo que nadie sabía entonces (abril de 2011) es que la visita de Amancio Ortega tenía otro propósito. El jefe quería ver en vivo y en directo cómo era y cómo funcionaba el nuevo concepto de tienda que estaba preparando Zara y que un año después inauguraría a bombo y platillo en la 5ª Avenida de Nueva York.
Esa forma de actuar es muy de la casa, muy de Ortega y, en el fondo, muy de quien trabaja con Ortega. En la sede central de Arteixo predomina la naturalidad y la discreción, pero también la opacidad. No es que Inditex guarde muchos secretos a estas alturas de la vida tratándose de una de las compañías más estudiadas en las grandes escuelas de negocio, pero sí que conserva la habilidad para divulgar exactamente lo que quiere que se difunda y, en muchas ocasiones, en el tono que más le conviene. Para ser una compañía que no utiliza la publicidad (desde luego, no paga por ella), pero que está en boca de medio mundo, es un éxito impagable. Aquella tienda en Marineda City era, en definitiva, un experimento de laboratorio. Nadie lo supo hasta que convino saberlo. Nadie se percató de que aquella tienda era diferente. ¿Y por qué Marineda City en A Coruña y no cualquier otra? Por una razón muy sencilla: porque era la más próxima a la sede social, la que está en el camino entre Arteixo y A Coruña, donde viven Amancio Ortega, Pablo Isla y los ejecutivos de la empresa. Política de costes se llama eso, una de las claves del éxito imparable de Inditex.
Un año y medio después, el 15 de abril de 2012, Inditex invitó a un grupo de periodistas de todo el mundo para inaugurar su nueva tienda Zara en Nueva York, en el 666 de la 5ª Avenida. Los periodistas dieron cuenta de un nuevo concepto de establecimiento que calificaron casi unánimemente como una “boutique de boutiques”. Con mejor o peor literatura fueron explicando las virtudes de un escenario neutro con grises, blancos, espacios y contenidos, luces y sombras creado para impresionar a los futuros clientes y hacerles comprar. Otro dato no pasó inadvertido: Inditex había adquirido el local por 247 millones de euros. Según los analistas, Inditex parecía romper así su costumbre de alquilar locales. ¿Un capricho de multinacional o una medida estratégica? “La compra de los mejores locales en las mejores calles de las mejores ciudades significa adquirir un patrimonio que se revaloriza un 30% cuando, en estos momentos, en el mercado inmobiliario muchos locales caen un 30%”, explica un experto.
En la inauguración mundial no estuvo presente Amancio Ortega, como en él es habitual. En esas fechas era el quinto hombre más rico del mundo. Esta semana, la agencia de noticias económicas Bloomberg proclama a Ortega como uno de los tres más ricos del planeta con 37.500 millones. Supera a un mago de las finanzas (Warren Buffet) y a otro tendero como él, Ingvar Kampad (dueño de IKEA). Es posible que Bill Gates y Carlos Slim, los dos primeros de la lista, le queden todavía un poco lejos, pero dentro de lo anecdótico que pueda ser este juego de cifras con los millonarios del momento, lo cierto es que la figura de Amancio Ortega ilustra un fenómeno que no acaba de sorprender, de contradecir a los analistas y de resultar inimitable 37 años después del nacimiento de la compañía.
La empresa está volviendo a producir
en Turquia y Portugal porque son países mucho más baratos
Son muchos los autores que han tratado de desmenuzar las claves del éxito de Inditex (o de Zara, su marca emblemática, responsable de casi el 70% de la facturación del grupo), una multinacional que ha navegado como nadie en medio de la tormenta económica mundial, al contrario de lo que le ha sucedido a sus competidores. Tratándose de una firma con sede en España no parece que la coyuntura nacional le haya afectado: los datos del primer trimestre de 2012 señalan unos beneficios un 30% superiores al mismo periodo de 2011. El descalabro de la Bolsa española, donde cotizan las acciones de Inditex, no ha afectado a la compañía, que ha triplicado su valor bursátil durante los años de la crisis y que, ahora mismo, es la empresa española de mayor valor, superando a Telefónica y a los dos grandes bancos, Santander y BBVA. Para remate, el número de tiendas no deja de crecer y parece seguir un promedio perfecto: 1.000 tiendas cada cuatro años, haya o no crisis. Así, en 2006 se inauguró en Valencia la número 3.000, la 4.000 se abrió en Tokio en 2008, Roma brindó por la número 5.000 en 2010. Y la tienda 6.000 llegará inexorablemente a finales de este año. ¿Dónde? Hay argumentos que apuntan hacia China, aunque solo sea por cálculo de probabilidades.
China. Es cierto que Inditex ha abierto 300 tiendas en China en los últimos años. Es cierto que fabrica en China, pero en contra de lo que muchos opinan (que China es la tabla de salvación para momentos de crisis), hay datos que permiten afirmar que Inditex está abandonando el país asiático (ya no es tan barato fabricar allí) y optando por un regreso a lugares más próximos como África, Turquía e incluso Portugal. Es decir, cuando unos todavía van, Inditex ya está volviendo. Y esa es una de las verdaderas claves del éxito: la velocidad de respuesta.
“Inditex es el modelo más resistente de todos los que existen”, explica el profesor José Luis Nueno, del IESE, autor de uno de los casos de estudio sobre Inditex para escuelas de negocio. El suyo se titula Zara: moda rápida, mientras prepara otro estudio que será una proyección de lo que puede ser Inditex dentro de cinco años y facture los 30.000 millones de euros (algo así como Zara 30.000). “Desde luego, todos han tratado de imitar su modelo, algunos llegan a un 10% o un 20%, pero nadie lo consigue plenamente. Nadie es capaz de hacer lo que ellos hacen y de la forma que lo hacen”.
Hacer ropa bonita a buen precio para clases medias convergentes. Así definen los expertos la moda que fabrica el grupo, que es lo mismo que afirmar que visten a las clases medias y bajas en algunos sitios y a la clase alta en otros. Pero ese concepto global de la moda no lo hace solo Inditex. Lo hacen otras marcas. Mencionar la capacidad de sus diseñadores para captar las tendencias, para inspirarse en todo lo que aparezca por cualquier calle de cualquier gran ciudad, no es ya un mérito exclusivo de Zara y sus marcas compañeras de viaje. Ojear el mercado, copiar lo que sale en las pasarelas, lo hacen otras multinacionales. Durante mucho tiempo ha persistido la leyenda de que el mérito estaba en los departamentos de diseño de la empresa, (poco menos que vedados a la visita de la prensa), donde trabajaban cientos de jóvenes y desconocidos talentos formados en la casa. Se ha dado el caso de que otras firmas han fichado a algunos de estos especialistas a golpe de talonario. Como si adquiriendo esos talentos importaran una parte de los secretos de Inditex. Lo hizo Sfera, una marca de El Corte Inglés, que fichó a un buen puñado de diseñadores de Zara. Lo ha hecho Pepe Jeans. Lo hacen otras compañías. Fichan como quien contrata a una estrella deportiva. Pero la distancia permanece.
Sigue existiendo una leyenda urbana según la cual si en una ciudad anuncian lluvia, habrá paraguas en las tiendas de Zara. Esta metáfora viene a corroborar la verdadera esencia del negocio. Inditex crea moda, pero sobre todo es una industria eficaz. Hay una capacidad de respuesta muy rápida entre la toma de decisiones y su ejecución. Y ello es consecuencia de un proceso industrial muy avanzado, una logística impresionante con un alto nivel tecnológico. “En eso son unos cracks”, señala Nueno. Conocidas son las espectaculares cifras de una compañía que fabrica 840 millones de prendas cada año, repartidas en un total de cerca de 40.000 referencias. Nadie alcanza una cifra parecida. Fabrica al mismo tiempo ropa de invierno y de verano, ropa para mujeres y hombres, para adolescentes y adultos, para niños, para chinos y americanos, para lugares donde se reponen con mayor frecuencia las tallas S y M o lugares donde las que más se renuevan son la L y la XL. Inditex es la gran tienda global. Pero todo eso es de sobra conocido. Lo verdaderamente sorprendente es cómo siguen siendo capaces de adaptarse con rapidez a las circunstancias. ¿Qué pasa si una camiseta no se vende? Lo saben al momento. La retiran. La reciclan. Nada se desprecia en Inditex. “Se le pone una letra, se cambia de color y vuelve a las tiendas”, dice un ejecutivo de la empresa. ¿Qué pasa cuando alguien pone una denuncia por copia? “La prenda se retira al momento, no hay discusión. Hay otras 40.000 donde elegir”. Lo importante es no tener almacén. Muy sencillo: vender todo lo que se fabrica.
“Si una camiseta no se vende se cambia de color, se pone una letra y vuelve a las tiendas”, dice un ejecutivo
Es una empresa española. ¿Cómo una empresa radicada en España, donde tiene su logística (ocho plataformas y una novena en construcción en Guadalajara), además de 1.900 tiendas, consigue ese nivel de beneficios en los últimos años en un país donde ha caído el consumo y parece al borde del rescate financiero? De nuevo, la capacidad de reflejos de Inditex explica el aparente milagro. Inditex casi no abre tiendas en España, prácticamente las abre fuera. Incluso las ha cerrado. Se armó un gran revuelo en Bilbao por el cierre de una tienda Zara en la Gran Vía, donde ya había otras dos. Sin embargo, la cifra es irrelevante en términos relativos y absolutos. Y a pesar de todo, la compañía ha mantenido su cifra de ventas, con un comedido incremento del 1% en 2011, un año en el que todos sus competidores han caído. Otra característica del grupo: no utiliza la marca España. En muchos países, los clientes no asocian Zara a España.
Inditex no vende la misma ropa en todo el mundo. En EEUU presentará prendas muy al gusto americano
Así, cuando en 2009 los analistas anunciaron que Inditex experimentaría sus primeros problemas en un mundo en crisis, la empresa comenzó a tomar decisiones con la cautela que le caracteriza. No se quedó quieta. Un alto empleado de la firma recuerda algunas medidas: “Hubo un momento en el que se pusieron en marcha más prendas básicas que antes y comenzó a hacerse especial hincapié en la atención al cliente en las tiendas. Antes los empleados se limitaban a doblar la ropa. Ahora debían atender al cliente. Nadie se debe ir sin comprar algo”. Los básicos tienen una ventaja, son más baratos. Inditex estaba bajando precios sin decirlo.
La compañía siguió su camino en medio del estallido de la burbuja y de las convulsiones en los mercados. Siguió abriendo tiendas, pero modificando posiblemente el mapa de las inauguraciones, optando por hacerlo en países emergentes. Es una ventaja de actuar en un mundo global.
Y como si nada le afectara, presenta un nuevo concepto de tienda Zara en Nueva York, que significa multiplicar esas modificaciones en centenares de tiendas. Anuncia también nuevas inversiones. ¿Cuál puede ser una de las ventajas de la transformación de las tiendas Zara? Un alto empleado apunta dos ventajas: “Aunque parezca mentira, cabe más ropa si está colgada que si está expuesta en una mesa”. Dos, un escaparate minimalista. ¿Qué es un escaparate minimalista, sin casi contenido, además de un concepto estético? Un escaparate más barato. “Algunos escaparatistas estamos preocupados”, señala uno de ellos: “Si eso es una tendencia general, posiblemente necesiten menos escaparatistas en un futuro”.
En medio de la crisis, Amancio Ortega anunció que dejaba el mando de la empresa a Pablo Isla, que pasaba a convertirse en presidente de Inditex. Anunciaba su sucesor y despejaba todas las dudas respecto al papel que desempeñaría su hija Marta, separaba la propiedad de la gestión. Hubo analistas que entendieron que no era el momento propicio para anunciar una sucesión, pero la decisión estaba tomada. No se sabía demasiado sobre Pablo Isla, un hombre muy de la casa, un ejecutivo de perfil bajo, como el de Amancio Ortega. Isla no concede entrevistas. Apenas se le puede escuchar una vez al año, cuando se dirige a los accionistas en la junta general. Hay expertos que opinan que Pablo Isla está detrás de la entrada de Inditex en la venta en la Red y de la adquisición de inmuebles como el de la 5ª Avenida de Nueva York.
Las decisiones se toman. Y se ejecutan con rapidez. Por ejemplo, Massimo Dutti está en plena fase de entrada en Estados Unidos. Allí se presentará con ropa muy para los americanos, que competirá con la que hacen sus grandes marcas. Esa ropa no se verá en España, lo que rompe la idea (equivocada) de que Inditex vende lo mismo en todo el mundo. Paralelamente, hay otras órdenes para el personal de Massimo Dutti en la sede central de Barcelona que deben ser ejecutadas a primeros de septiembre: debe predominar el rojo en los escaparates y todo debe estar masticado: “Si hace calor no debe de haber un abrigo en el escaparate, como se hacía antes”, explica un empleado. “No hay que arriesgar”. ¿Por qué el rojo? “Son tendencias. Lo anuncia la portada de Vogue”, explican en Dutti.
Inditex seguirá creciendo. Los próximos datos llegarán en septiembre. No parece haber dudas de que seguirán siendo buenos. Y Amancio Ortega seguirá siendo más rico, ahora que está aparentemente retirado, aunque siga apareciendo por la sede central en Arteixo, siga pasando horas en el área de diseño de Zara mujer, su rincón favorito en la compañía, o continúe almorzando en el comedor de empleados. El tercer hombre más rico del mundo seguirá sin conceder una entrevista, sin explicar cómo concibió un modelo que, a fuerza de ser estudiado, sigue siendo inimitable 37 años después.



Las inversiones sociales, de la innovación a lo clásico
XOSÉ MANUEL PEREIRA
Las próximas escuelas de infantil en Galicia las pagará de su bolsillo Amancio Ortega, o mejor dicho, la fundación que preside y lleva su nombre. Serán nueve centros que costarán 11 millones de euros e incrementarán la oferta pública para niños menores de tres años en un 5%. No es muy corriente que una entidad privada costee equipamientos que después dona a la Administración. Más bien suele suceder a la inversa, pero Ortega siempre ha hecho las cosas a su manera.
Cuando Zara ya era Zara, Amancio Ortega parecía un empresario tan retraído como Howard Hughes al final de su vida, pero cualquier fotógrafo podría haberlo retratado en los sitios que frecuentaba, como el Club Financiero Atlántico o en su localidad del estadio de Riazor. Eran los medios los que respetaban su deseo de privacidad (aunque prácticamente no invirtiese en publicidad). Ahora que es la tercera fortuna del mundo es completamente accesible a cualquier persona, con cámara o sin ella, que asista a un acto ecuestre en su Centro Hípico de Casas Novas.
La Fundación Amancio Ortega ha experimentado una transformación similar. Nació en 2001 de forma casi anónima, aunque con una dotación nada tímida de 60 millones de euros. Su primer proyecto, Ponte dos Brozos, trataba de introducir las nuevas tecnologías en los primeros tramos de la enseñanza pública, de infantil a secundaria, “como un medio educativo y un instrumento de modernización pedagógica, no como una disciplina”, decía el entonces director de la fundación, Felipe Gómez-Pallete. Dos años después, en el colegio Ponte dos Brozos de Arteixo, en las aulas de 1º y 2º de primaria había ordenadores, en las de 3º y 4º se usaba “tecnología de transición” —unos teclados autónomos con memoria y una pequeña pantalla, llamados alphasmart—, y los alumnos de 5º y 6º usaban portátiles y una pizarra digital interactiva. Estamos hablando de 2004.
Desde aquellos tiempos en que investigaba la innovación pedagógica en unas aulas experimentales denominadas P4, construidas en las naves de Arteixo igual que las tiendas —o incluso cuando realizó una donación de seis millones de euros a los afectados por la marea negra del Prestige que no tuvo fácil localizar a sus destinatarios finales—, la Fundación Amancio Ortega ha mantenido un perfil discreto. Su página web roza lo zen. Aquel proyecto Ponte dos Brozos se ha convertido en Aula PdB, una plataforma de profesores interesados en la innovación educativa, al que acompañan un par de programas pedagógicos más y un proyecto formativo en Tanzania. Pero ahora, con la imagen de la vicepresidenta de la fundación, la esposa de Ortega, Flora Pérez Marcote, los que ocupan los titulares son los proyectos asistenciales. La sede central de Proyecto Hombre en Santiago, que supuso una inversión superior a los 7 millones, o la nueva residencia asistencial Padre Rubinos de A Coruña, que cuesta 25 millones.
Al final se impone lo clásico.

domingo, 24 de junio de 2012


Opinión | 23.06.2012
El mejoramiento de la calidad de la Educación Superior Universitaria ¿acreditar o no acreditar?
[ Por:   Erick O. Salazar Montoya-MBA* ]
En la declaración mundial sobre la educación superior del siglo XXI, que se llevó a cabo en París en 1998, se concluyó que esta debe enfrentar una serie de desafíos y dificultades, como producto del entorno cambiante, la globalización y su ideal posicionamiento efectivo dentro de la sociedad del conocimiento.
La universidad peruana no es ajena a esta realidad y para insertarse en un escenario tan competitivo es necesario plantear estrategias que la conduzcan a este fin: establecer la igualdad de condiciones de acceso a los estudios y, en el transcurso de los mismos, a una mejor capacitación del personal, formación ligada a la búsqueda de la competitividad basada en la mejor calidad de la enseñanza, investigación y mejores servicios, pertinencia de los planes de estudios, mayores posibilidades de empleo para los egresados, establecimiento de acuerdos de cooperación y la igualdad de acceso a los beneficios que reporta la cooperación internacional. Así mismo, la integración de las tecnologías de información y comunicación como aliado sustantivo en este proceso de integración.
A mediados de la década de los 90 en el Perú se inicia un movimiento de mejora de la calidad en los distintos niveles educativos. La acreditación de la calidad de la educación en el Perú tiene su génesis con la promulgación de la Ley General de Educación y se considera de relevancia en el Proyecto Educativo Nacional. En ambos documentos se establece la conformación de un organismo autónomo que garantice ante la sociedad la calidad de las instituciones educativas.
Con la promulgación de la Ley Nº 28740 (ley del Sineace – Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la calidad educativa), se inicia el camino a la acreditación de la calidad de las instituciones educativas y de sus programas; siendo las universidades y sus carreras profesionales y programas de postgrado competencia del Consejo Nacional de Evaluación, Acreditación, Certificación de la Calidad de la Educación Universitaria – Coneau.
El Coneau, es uno de los Órganos Operadores del Sistema Nacional de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Calidad Educativa ( Sineace), creado por ley N° 28740, el 19 de mayo del 2006, que tiene como principales objetivos, promover el desarrollo de los procesos de Evaluación, Acreditación y Certificación de la Educación Superior Universitaria, así como contribuir a alcanzar los niveles óptimos de calidad en los procesos, servicios y resultados de la Educación Superior Universitaria, garantizando la calidad del servicio educativo en las universidades públicas y privadas y entre sus principales funciones definir los criterios e indicadores de evaluación para el proceso de acreditación y certificación de las instituciones y programas de educación superior universitaria; aprobar las normas que regulan la autorización y funcionamiento de las entidades evaluadoras con fines de acreditación y certificación; fomentando una cultura evaluativa en las instituciones de Educación Superior Universitaria,
Para entenderlo mejor es preciso definir el significado de la acreditación, por qué y para qué sirve. Acreditar es el reconocimiento formal de la calidad demostrada por una Universidad o carrera profesional, otorgado por el Estado, a través del Coneau, según el informe de evaluación externa emitido por una entidad evaluadora, debidamente autorizada; en la actualidad existen dos entidades evaluadoras SGS del Perú y Empresa Evaluadora con fines de Acreditación; esta acreditación tiene una duración de tres años, la carrera profesional debe demostrar en su informe final de autoevaluación, que ha alcanzado todos los estándares del Modelo de Calidad del Coneau.
La acreditación es obligatoria para las carreras profesionales de Educación, Ciencias de la Salud y Derecho, pero voluntaria en el resto de carreras.
A las instituciones superiores les sirve para mejorar la calidad del servicio educativo, desarrollar acciones concretas para mejorar, fortalecer la institución no solo las carreras; y el trabajo colectivo mejora el clima institucional: pertenencia e identidad. Hasta el momento ninguna Universidad ha acreditado nacionalmente con Coneau. Algunas universidades han acreditado bajo modelos internacionales y estándares elaborados para otros países.
Según Coneau de 54 Facultades de Educación que tiene el país, 30 han comunicado haber iniciado su Autoevaluación (Lima: 6 Centro: 10, Norte: 9, Sur: 4, Oriente: 1).
Sólo nueve universidades de 132 existentes en el país, completaron a la fecha los procesos de autoevaluación: San Marcos, Privada de Tacna, San Agustín, Privada de Piura, Peruana Unión, César Vallejo, Nacional de Trujillo, Nacional de Piura y Nacional del Centro.
La acreditación, siendo un mecanismo de rendición de cuentas ante la sociedad, brinda información confiable a los usuarios del servicio de educación superior, propiciando el mejoramiento de la calidad y asegura que las universidades presten servicios educativos de calidad y por consiguiente, los profesionales que egresen de dichas universidades, tendrán el nivel de competencias que requiere la sociedad.
(*) Director de la Escuela de Postgrado UCV-Piura, Evaluador Externo acreditado por Coneau / esalazar@ucv.edu.pe







sábado, 23 de junio de 2012


La cumbre verde acaba en decepción
Río+20 no logran avances en las políticas ambientales ni de desarrollo sostenible
·         Medio ambiente
Description: http://ep01.epimg.net/sociedad/imagenes/2012/06/22/actualidad/1340388426_988566_1340389202_noticia_normal.jpg
El expresidente Zapatero saluda al secretario general de la ONU durante un acto en Río+20. /MARCELO SAYÃO (EFE)
La Conferencia de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible Rio+20 se clausura este viernes de la misma manera que se inauguró tres días antes: con un documento de mínimos que no hurga en las sensibilidades de nadie y que ciertamente no servirá de revulsivo para que la comunidad internacional reaccione con vigor ante el deterioro natural del planeta. En Río los líderes no han sido capaces de dar respuestas contundentes a las demandas de buena parte de la sociedad: de momento no habrá nuevos mecanismos de financiación para políticas de desarrollo sostenible, ni un acuerdo para crear una agencia que sea el brazo medioambiental de la ONU (actualmente lo que existe es el Programa de Naciones Unidas para el Medioambiente –PNUMA-), ni nuevos pasos al frente en la protección de los océanos, ni la decisión de eliminar los subsidios a los combustibles fósiles o medidas que contribuyan a la erradicación de la pobreza en el mundo.
Fuentes del Gobierno brasileño, que ha sido el anfitrión y el impulsor de este acuerdo, admiten las dificultades para cerrar un texto más ambicioso, aunque también insisten en que el éxito de Río+20 radica en que 193 naciones hayan alcanzado un consenso rápidamente y sin entrar en amargas discusiones. Sin embargo, fuentes del equipo negociador de la Unión Europea (UE) abundan en la idea de que Brasil ha optado por el camino fácil de articular un documento que deje a todos mínimamente contentos, aunque sea a costa de sacrificar los avances reales que se esperaban de esta cumbre. “Ha primado la lógica de que es preferible tener cualquier acuerdo a no tener ningún acuerdo”, resumen de manera gráfica. Sin embargo, todas las fuentes consultadas opinan que este encuentro no caerá en saco roto. En este sentido, la delegación de Brasil asegura que la cumbre de Río alumbrará el camino para que medidas más concretas cristalicen en los próximos años.
Quizá sea injusto responsabilizar de la falta de ambición del documento final al país anfitrión, Brasil, ya que hay razones de gran calado que explican el fracaso. La primera de todas radica en el crítico momento que viven varios países de la UE y la situación en EE UU, aún empantanado en la superación de su crisis económica y con unas elecciones a la vuelta de la esquina. En época de crisis, las políticas medioambientales y sociales suelen quedar arrinconadas. Y eso es lo que ha sucedido en esta cumbre: el momento ha fallado.
De Río no han salido países ganadores, aunque sí infinidad de perdedores, sobre todo las naciones en vías de desarrollo. Quizá el Vaticano sea el único participante que se haya salido con la suya tras conseguir que se elimine de las conclusiones el término “derechos reproductivos” de la mujer, introducido por Brasil y que se refería a la libertad de la mujer para decidir sobre su maternidad.

martes, 19 de junio de 2012


La víctima griega
El desastre se originó en Bruselas, Fráncfort y Berlín, al crear un sistema monetario defectuoso
Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.
No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso —y quizás abocado a morir— y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.
Por tanto, veamos esos defectos griegos: sin duda alguna Grecia tiene mucha corrupción y mucha evasión fiscal, y el Gobierno griego tiene por costumbre vivir por encima de sus posibilidades. Más allá de eso, la productividad laboral griega es baja de acuerdo con los niveles europeos, ya que es inferior en un 25% a la media de la Unión Europea. Sin embargo, vale la pena señalar que la productividad laboral en, vamos a decir, Misisipi, es más o menos igual de baja según los niveles estadounidenses, y más o menos por el mismo margen.
La solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares
Por otra parte, muchas cosas de las que oyen sobre Grecia no son ciertas. Los griegos no son vagos; al contrario, trabajan más horas que casi todo el mundo en Europa, y muchas más horas que los alemanes en concreto. Grecia tampoco tiene un Estado del bienestar desenfrenado, como les gusta afirmar a los conservadores; el gasto social como porcentaje del producto interior bruto (PIB), la medida habitual del tamaño del Estado del bienestar, es considerablemente más bajo en Grecia que en, digamos, Suecia o Alemania, que son países que hasta ahora han capeado la crisis europea bastante bien.
Entonces, ¿cómo se metió Grecia en tantos problemas? Culpen al euro.
Hace 15 años, Grecia no era un paraíso, pero tampoco estaba en crisis. El desempleo era elevado pero no era catastrófico, y el país más o menos se valía por sí mismo en los mercados mundiales, ya que ganaba lo bastante con las exportaciones, el turismo, los barcos y otras fuentes como para pagar más o menos sus importaciones.
Luego Grecia se incorporó al euro, y sucedió algo terrible: la gente empezó a creer que era un lugar seguro para invertir. Entró dinero extranjero en Grecia, una parte de él, pero no todo, para financiar los déficits del Gobierno; la economía se aceleró; la inflación aumentó; y Grecia perdió cada vez más competitividad. Sin lugar a dudas, los griegos despilfarraron mucho, si no la mayor parte, del dinero que entraba a raudales, pero también es verdad que todos los que quedaron atrapados en la burbuja del euro hicieron lo mismo.
Y luego estalló la burbuja, y en ese momento, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes.
Al estallar la burbuja, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes
Pregúntense por qué la zona dólar —también conocida como Estados Unidos de América —funciona más o menos, sin las graves crisis regionales que afligen ahora a Europa. La respuesta es que tenemos un Gobierno central fuerte, y las actividades de este Gobierno proporcionan a todos los efectos rescates automáticos a los Estados que se meten en problemas.
Piensen, por ejemplo, en lo que podría estar sucediendo en Florida ahora mismo, tras su enorme burbuja inmobiliaria, si el Estado tuviera que sacar el dinero para la Seguridad Social y Medicare de sus propios ingresos que se vieron reducidos repentinamente. Por suerte para Florida, es Washington en vez de Tallahassee quien se está haciendo cargo de la factura, lo que significa que Florida está recibiendo a todos los efectos un rescate a una escala que ningún país europeo podría soñar.
O piensen en un ejemplo más antiguo, la crisis de las cajas de ahorros de la década de 1980, que fue en gran medida un problema de Tejas. Los contribuyentes acabaron pagando una enorme suma para resolver el lío, pero la inmensa mayoría de esos contribuyentes estaba en otros Estados que no eran Tejas. Una vez más, el Estado recibió un rescate automático a una escala inconcebible en la Europa moderna.
Por eso Grecia, aunque no exenta de culpa, se encuentra en apuros principalmente debido a la arrogancia de las autoridades europeas, en su mayoría procedentes de países más ricos, que se convencieron de que podrían hacer que funcionase una moneda única sin un Gobierno único. Y estas mismas autoridades han empeorado la situación al insistir, a pesar de las pruebas, en que todos los problemas de la moneda estaban causados por el comportamiento irresponsable de esos europeos del sur, y que todo funcionaría si la gente estuviera dispuesta a sufrir un poco más.
Lo que nos lleva a las elecciones del domingo en Grecia, que acabaron por no solucionar nada. Puede que la coalición de Gobierno haya logrado mantenerse en el poder, aunque ni siquiera eso queda claro (el segundo socio de la coalición está amenazando con abandonarla). Pero, de todas maneras, los griegos no pueden resolver esta crisis.
La única forma en la que el euro podría —podría— salvarse es si los alemanes y el Banco Central Europeo se dan cuenta de que son ellos los que tienen que cambiar su comportamiento, gastar más y, sí, aceptar una inflación más elevada. Si no, bueno, pues Grecia pasará a la historia como la víctima del orgullo desmedido de otros países.
Paul Krugman es profesor de Economía en Princeton y premio Nobel 2008.
© 2012 New York Times Service. Traducción de News Clips.

martes, 12 de junio de 2012

Otro Rescate Bancario


Otro rescate bancario
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Paul Krugman, premio Nobel de Economía 2008 / CORBIS
Vaya, otro rescate bancario, esta vez en España. ¿Quién lo habría imaginado?
La respuesta, por supuesto, es que todo el mundo. De hecho, toda esta historia empieza a parecerse a un manido número de comedia: una vez más la economía se hunde, el paro se dispara, los bancos tienen problemas, los Gobiernos se apresuran a acudir al rescate; pero, por alguna razón, se rescata solo a los bancos, no a los parados.
Para dejar las cosas claras, los bancos españoles sí que necesitaban un rescate. España estaba claramente al borde de un bucle de desgracias; un proceso bien conocido en el que la preocupación por la solvencia de los bancos obliga a los bancos a vender activos, lo cual empuja a la baja el precio de dichos activos, lo cual hace que la gente se preocupe aún más por la solvencia. Los Gobiernos pueden poner fin a esos círculos viciosos con una inyección de capital; en este caso, sin embargo, la propia solvencia del Gobierno de España estaba en duda, de modo que el capital tenía que venir de un fondo europeo más grande.
Así que no hay nada necesariamente malo en este último rescate (aunque muchas cosas dependen de los detalles). Lo que llama la atención, sin embargo, es que al mismo tiempo que los dirigentes europeos acordaban este rescate, estaban enviando señales claras de que no tienen intención de cambiar las políticas que han dejado sin trabajo a casi una cuarta parte de los trabajadores españoles (y a más de la mitad de los jóvenes).
Y lo más curioso: la semana pasada, el Banco Central Europeo se negaba a bajar los tipos de interés. Todo el mundo se esperaba esta decisión, pero eso no debería impedirnos ver el hecho de que es algo tremendamente extraño. El paro se ha disparado en la eurozona y todo indica que el continente se encamina hacia una nueva recesión. Mientras tanto, la inflación se ralentiza y las expectativas del mercado en cuanto a la inflación futura se han hundido. De acuerdo con cualquiera de las normas habituales de la política monetaria, la situación exige una rebaja drástica de los tipos de interés. Pero el banco central se niega.
Y eso ni siquiera tiene en cuenta el riesgo cada vez mayor de un colapso del euro. Durante años, a España y a otros países europeos con problemas se les ha dicho que solo pueden recuperarse mediante una combinación de austeridad fiscal y “devaluación interna”, lo que esencialmente significa rebajar los salarios. Ahora está absolutamente claro que esta estrategia no puede funcionar a menos que haya un crecimiento sólido y, sí, un grado moderado de inflación en el “núcleo” europeo, principalmente en Alemania (lo que da otra razón más para mantener bajos los tipos de interés e imprimir montones de billetes). Pero el banco central se niega.
Mientras tanto, los funcionarios de alto rango afirman que la austeridad y la devaluación interna realmente funcionarían simplemente con que la gente creyese de verdad en su necesidad.
Fíjense, por ejemplo, en lo que Jörg Asmussen, el representante alemán en la junta directiva del Banco Central Europeo, acaba de decir en Letonia, que se ha convertido en el ejemplo perfecto de la austeridad supuestamente exitosa. (Antes lo era Irlanda, pero la economía irlandesa sigue negándose a recuperarse). “La diferencia esencial entre, por ejemplo, Letonia y Grecia”, decía Asmussen, "radica en el grado de apropiación nacional del programa de ajuste, no solo por parte de los responsables políticos, sino también de la propia población”.
Podríamos llamarlo el planteamiento de Darth Vader de la política económica; a todos los efectos, Asmussen está diciéndoles a los griegos: “Vuestra falta de fe me parece preocupante”.
Ah, y ese éxito letón consiste en un año de crecimiento bastante bueno después de un declive económico con categoría de depresión a lo largo de los tres años anteriores. Es verdad que un crecimiento del 5,5% es mucho mejor que nada. Pero merece la pena señalar que la economía de Estados Unidos creció casi el doble (¡el 10,9%!) en 1934, cuando salía de la peor fase de la Gran Depresión. Pero la depresión distaba mucho de haber terminado.
Junten todo esto y tendrán una imagen de una élite política europea siempre dispuesta a entrar en acción para defender a los bancos pero, por lo demás, absolutamente reacia a admitir que sus políticas están fallando a las personas a las que se supone debe servir la economía.
Y nosotros, ¿estamos mucho mejor? La perspectiva a corto plazo de Estados Unidos no es tan sombría como la de Europa, pero los pronósticos de la propia Reserva Federal apuntan a una inflación baja y un paro muy alto en los próximos años (precisamente las circunstancias en las que la Reserva debería estar entrando en acción para estimular la economía). Pero la Reserva Federal se niega.
¿Qué explica esta parálisis transatlántica frente a un continuo desastre humano y económico? Sin duda la política forma parte de la explicación; digan lo que digan, las autoridades de la Reserva Federal se sienten claramente intimidadas por las advertencias de que toda política expansiva será vista como si la Reserva acudiese al rescate del presidente Obama. De modo que también se trata de una mentalidad que ve el sufrimiento económico como una redención, mentalidad que un periodista británico apodó en cierta ocasión “sadomonetarismo”.
Independientemente de cuáles sean las raíces profundas de esta parálisis, está quedando cada vez más claro que hará falta una catástrofe sin paliativos para que haya alguna acción política real que vaya más allá de los rescates bancarios. Pero no desesperen: al paso al que van las cosas, especialmente en Europa, la catástrofe sin paliativos podría estar a la vuelta de la esquina.
Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y Premio Nobel 2008.
(c) New York Times Service 2012. Traducción de News Clips.